Diario de León
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PEDRO VICENTE
León

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Poco después de iniciada la crisis, el escritor Juan José Millás recomendaba que procuráramos no añadir a la misma ninguna sensación térmica que la amplificara innecesariamente. Es cierto que ella se ha ido agravando por sí misma, sin que todavía sepamos cuando vamos a tocar fondo, pero también lo es que la recomendación de Millás tampoco ha tenido mucho éxito.

La psicosis colectiva de crisis es evidente. Un buen ejemplo es el de la supresión de la paga de Navidad a funcionarios y empleados públicos. Es verdad que afecta a unos cuantos millones de españoles, pero cunde la sensación de que los damnificados somos todos. Desde luego, si se analiza desde el punto de vista del consumo, inevitable en tiempo navideño, no cabe duda de que la medida no puede ser más contraproducente.

A la vista de la cantidad de medidas que ha tomado, nadie diría que el Gobierno de Mariano Rajoy sólo lleva un año en ejercicio. Aunque en gran parte sus decisiones han ido en sentido contrario al anunciado, de lo que no se le puede acusar es de pasividad o inhibición. Cuestión distinta es el resultado de tamaña hiperactividad gubernamental, que, si juzga por parámetros como el del empleo, no es precisamente alentador.

Los defensores de las políticas que está aplicando Rajoy recurren al conocido tópico según el cual para hacer una tortilla hay que romper previamente huevos. Pero lo cierto es que estamos viendo como se rompe casi todo, desde los servicios públicos a los derechos sociales, sin que cuaje ningún producto. Después de tanto sacrificio en aras de enjugar los números rojos, ya se nos anuncia que vamos a cerrar el 2012 sin cumplir el sacrosanto deber del déficit. La reforma laboral no sólo no ha estimulado la creación de empleo sino que ha contribuido a destruirlo, labor ésta a la que se ha sumado de manera decidida el propio Gobierno presentando EREs en el sector público. Ni los Paradores, otrora buque-insignia del turismo nacional, se salvan de la quema.

El año que lleva Rajoy, sumado al último año y medio de Zapatero, es tiempo más que suficiente para constatar que la estrategia de combatir la crisis dando prioridad absoluta a una reducción del déficit basada en ajustes presupuestarios (mayormente, recortes sociales) constituye un perfecto circulo vicioso. Lejos de reactivar la economía, la deprime más, generando al tiempo un insostenible malestar social. Y con las mismas nos disponemos a afrontar el 2013, sin que se haya vuelto a tener noticia de aquel plan de estímulos a la economía que supuestamente se aprobó en una de las últimas cumbres europeas.

Por este camino la recomendación de Millás pronto carecerá de sentido. La temperatura real no va a dejar margen para sensaciones térmicas subjetivas.

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