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León

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D ivorciados semánticamente por una simple «s» los términos riesgo y riego han corrido sin embargo unidos como siameses desde hace ya demasiado tiempo en el frenesí de un remolino que ha estado a punto de empujar por el desagüe un proyecto de 27 millones de euros y por extensión el cacareado futuro del sector agrícola como vector de salida de la crisis en territorios como el Bierzo. Por eso en el ocaso de este nuevo annus horribilis la noticia de que la asamblea general del Canal Bajo ha dado luz verde a la firma del acuerdo con Acuanorte para modernizar dicha infraestructura debe considerarse como un gran acontecimiento en el páramo de las desinversiones, los agrios recortes sociales y las tentaciones de convertirse en belgas o gaboneses de los pocos plutócratas comarcanos que todavía aguantan el tirón.

No sólo porque parece que no se perderán los veinte millones de eurofondos que deben sufragar los trabajos durante los próximos dos años, sino porque en la citada asamblea, frente a las voces carpetovetónicas que suelen resonar autoritarias en estos foros se alzaron las de agricultores jóvenes que enfocan esta actividad realmente con una profesionalidad y una óptica del negocio del campo que invitan a la esperanza en un porvenir agroalimentario en consonancia con las siempre defraudadas expectativas de esta actividad en una comarca acostumbrada una y otra vez a mirarse al ombligo. A su visión de la oportunidad histórica que se esfumaría de no aprovechar ahora las ayudas para la modernización del riego se debe el encauzamiento del convenio para la ejecución de las obras antes de finales del 2015. Resulta anacrónico e irrentable, tanto económica como medioambientalmente, el despilfarro de agua que se escurre entre las grietas del vetusto Canal Bajo que riega una de las ollas agrícolas más fértiles de toda Castilla y León.

Y no debe olvidarse de lo que supondría a cortísimo plazo el efecto sobre el empleo y las empresas de unas obras públicas presupuestadas en casi treinta millones durante los próximos dos años. Por idéntica razón resultaría ininteligible que más allá de la dirección de la Ciuden existiera alguna mano negra en el Gobierno que mantuviera en secano la reanudación de la sede central del Museo de la Energía, donde restan obras por ejecutar por otros treinta kilos . Otro riesgo para el riego triste de nuestra econonomía.

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