SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA
Criminal, ¿un cerebro diferente?
Cuando se reflexiona sobre la conducta de los delincuentes, una de las cuestiones que recurrentemente nos preguntamos es ¿qué tendrá esta gente en la cabeza?
Un elemento diferenciador del delincuente es su falta de respeto por la ley. Delincuente es el que delinque y se le condena. Para ello debe ser «pillado» por lo tanto no todos los delincuentes están identificados. Se puede ser delincuente y gozar de un gran prestigio social.
Criminológicamente se afirma que todos somos delincuentes en potencia. Todos tenemos la «capacidad necesaria» para convertirnos en delincuente. La familia, escuela y nuestro entorno social son los factores de educación e inhibición que nos integran en la sociedad, permitiéndonos interiorizar sus normas y la necesidad de respetarlas con el fin de garantizar la convivencia.
Si estos factores de integración no son los adecuados o fallan en su objetivo, potenciamos los riesgos de traspasar la frontera de ser un buen ciudadano a convertirnos en un delincuente.
Una manifestación extrema de conducta delictual es la del psicópata. Aparentemente, amable, respetuoso con las normas e integrado perfectamente en su entorno social. La realidad es que su perfil es de una persona ególatra, carente de remordimientos, falta de empatía y manipulador. Un ejemplo de este tipo de criminal es el coronel Willians de las Fuerza Aéreas de los Estados Unidos quien durante su jornada de trabajo era un excelente mando militar pero en su tiempo libre violaba y asesinaba a mujeres mientras se vestía con ropa femenina.
Uno de los mayores expertos en nuestro país en psicopatías es el profesor Vicente Garrido, para quien los dirigentes en la guerra de la antigua Yugoslavia Karadzic y Mladic eran verdaderos psicópatas. Cometieron crímenes políticos en los que arrastraron a muchas personas que fueron felices dentro de una jerarquía aceptando órdenes que supusieron cometer atrocidades.
Las rivalidades históricas, religiosas y étnicas si encuentran personalidades como las descritas que las apoyen, pueden concluir con masacres como las de los Utus y Tutsis en el Congo o el asesinato sistemático de católicos en Nigeria. Estas dos masacres tiene en común la «limpieza étnica» del que es diferente. Requieren una continuidad en el tiempo que solo una mente «al menos» diferente puede soportar.
Las monstruosidades que se han cometido en los recientes conflictos armados como el ya citado de la antigua Yugoslavia o en Ruanda, han llevado a la comunidad internacional a crear tribunales específicos para juzgar los crímenes cometidos. Crímenes en los que las conductas descritas por los testigos hacen pensar que quienes los cometieron adolecieron de los mínimos sentimientos humanitarios.
La indolencia y falta de empatía hacia los demás es lo que permite al psicópata soportar lo que para el común de las personas sería insoportable o al menos generaría un sentimiento muy fuerte de culpa.
Para nuestra tranquilidad no es muy común este tipo de personalidades criminales. Si queremos asegurarnos de que no adolecemos de algún rasgo que nos pueda asimilar, aunque sea de forma lejana a este tipo de individuo debemos preguntarnos si además de procurarnos nuestro bienestar sentimos verdadera preocupación por el de los demás. Debemos preguntarnos a nosotros mismos si nos identificamos con los valores que presiden nuestra sociedad. Si sentimos verdadero interés por lo que le ocurra al prójimo no corremos el riesgo de ser un criminal extremadamente peligroso.
Dicho lo anterior, nada impide que al menos legalmente nos convirtamos en delincuentes por el mero hecho de transgredir la ley. Todos podemos incurrir en conductas que supongan un incumplimiento de la ley. Solo depende del momento y de las circunstancias. Un conductor condenado penalmente por un delito contra la seguridad vial se convierte en delincuente. Ha cometido un delito, ha transgredido la norma, en este caso el Código Penal y la sociedad ha decidido que tiene que cumplir una pena que debiera tener un carácter retributivo para ella. La sociedad castiga al que no cumple con sus reglas.
Se puede afirmar que el delincuente en general se hace. No tiene un cerebro diferente del común de los ciudadanos. Algunos delincuentes como los psicópatas tienen unas notas características con las que nacen que pueden predeterminar cierta tendencia al crimen, pero es el individuo quien decide si acepta las reglas del juego social o no. Es el individuo quien opta voluntariamente por ser un delincuente o no.
Sectores de la criminología consideran que la sociedad es en gran medida la responsable de conducir inevitablemente a algunos de sus ciudadanos hacia el crimen. La pobreza, las desigualdades sociales, la falta de oportunidades, son factores según ellos que pueden generar en el individuo sentimientos de exclusión social y ánimo de revancha hacia una sociedad que los ha tratado injustamente.
Son factores que influyen pero no deben ser considerados como elementos inhibidores de la voluntad individual de respetar, o no las leyes sociales. La decisión es nuestra y la responsabilidad también.
Para saber más: Vicente Garrido El psicópata un camaleón en la sociedad actual . Editorial Algar.