LEÓN EN VERSO
Los Kennedy
Los Kennedy de León heredaron el socialismo del hijo pequeño, que es tanto como fiar la hijuela a la intuición que tenga en la vida la generación que está por venir.
A los jefes del clan se los ve a menudo deambular por la ciudad, por los pasos que daban entre los vítores que brotaron del glamour del poder, marchitos ahora por lo efímero del caso. Caminan sobre las ruinas del imperio virtual que gestionaron. De aquel bastión que generaba interés en suplementos de prensa nacional quedan las prisas de algunos palmeros; acérrimos que aún hoy abandonan acelerados el puesto de trabajo a las dos menos cuarto de la tarde para hacerse los encontradizos en el vermú y llenar de reverencias el tránsito de los sumos sacerdotes por Santa Clara a la Circular y las otras calles que dan salida al mundo de los eleteuves . De esos encuentros raudos sacan conversación y novedades para trasladar a media tarde a compañeros de oficina, a los que creen impresionados por la fachada. Los destellos forman parte también de la realidad fabulada que se recreó en torno a la tribu que apestaba a despotismo ilustrado.
La caída de los Kennedy contiene una retahíla de derrotas que se cuentan como las sartas de un rosario en medio del apocalipsis. Dura caída para quienes en momentos de esplendor llegaron a contar con una tenencia de alcaldía en el Ayuntamiento de León, inquilino en el Gobierno Civil, un gabinete de prensa y concejales de cuota. Hasta una ejecutiva en la sombra, si acaso se desmoronaba la estructura orgánica contra la que conspiraban cada vez que se hacía de noche. De los Kennedy era el filtro solar por el que pasaban las noticias que dieron lustre al imperio, y los sexadores de periodistas que merecían merendar con su eminencia en aquellas excursiones a costa del contribuyente. Repartían diccionarios con sinónimos de crisis y acudían al primero de Mayo, como quien explica el eslabón perdido entre la calle y la Moncloa.
Hoy se arriman a las tascas a respirar entre la gente, empujados desde la arrogancia al precipicio de la derrota. Lacerante en el colegio de la abogacía, histórica en el congreso del PSOE leonés, donde no les queda ni una esquina para el destierro. Sólo regresarán si aceptan pasar por el arco de los Nanetes, que ahora tienen el sartén por el mango; y en la otra mano, un saco lleno de escorpiones.