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León

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Frente a la reservas que muestran en el Ministerio de Industria en cuanto a su intervención futura en el sector carbonero, ha desnudado el senador leonés, Luis Aznar, los planes que el Gobierno del PP, entre bambalinas, trama, oculto, clandestino, sin que nadie conozca antes de tiempo. Nos importa poco lo que personalmente piensa, del sector, el senador, después de haber despachado, cual primicia, en las últimas horas el desenvuelto y cínico parlamentario, que en campaña requería la confianza de los leoneses para defender la minería y recomienda ahora olvidar la Comisión de seguimiento, poco seria y chapucera, de compadres y cambiar de mentalidad.

Eso, el cambio de mentalidad que se plantea, otro pensamiento, otros objetivos, otras razones políticas e ideológicas es lo que se evidencia y es lo que nos debe importar de lo que adelanta el representante leonés en la Cámara Alta, que evita explicaciones a sus superiores, eso, y no sus consideraciones personales. Se empieza a dosificar la información en provincias y cuencas afectadas para que se vaya asumiendo. Los responsables siguen mudos y, si no, divagan y confunden. Sin resolución de los problemas actuales los afectados en las cuencas carboneras, mineros y no mineros, nos mantenemos a la espera con inquietud, con verdadera desesperación por su situación, las plantillas de las empresas, a quienes reducen sus salarios, no pagan, al paro o amenazados con despidos.

Calculadamente, las únicas declaraciones sobre sus Planes en el carbón son aquellas en las que el ministro Soria, o el propio Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, recitando teatralmente, hemos podido ver, mintiendo (huy perdón, en qué estaría pensando) diciendo, que hemos acabado el año sin acuerdos para un nuevo Plan, que no ha sido posible el acuerdo, aunque el Gobierno lo ha intentado.

Y a todo esto, el ministro Soria fija en «de aquí a poco» las ayudas mineras y  «de aquí a no mucho» el decreto del carbón. ¡Ole lo suyo! Pero esta gente ¿se ha parado a pensar lo que significa la minería más allá de algunos empresarios que en nada ayudan a la defensa del sector, que desmantelan toda explotación que ha sido puesto en sus manos en la provincia y que son el mayor enemigo de cualquier posible dinamización económica en las comarcas mineras leonesas? ¿Imaginan lo que supone para decenas de miles de familias en la provincia de León? ¡Pues sí!, están al corriente, por esto mismo tienen claro que deben desactivarlo. Por ahora, sus planes son hablar con la patronal, y ahí se acabó todo. ¿Y el componente social? Se preguntarán ustedes.

También lo tienen meridianamente claro, hay que acabar con la conciencia social que emana de la mina y de estos territorios. Y todo ello se envuelve en un celofán embaucador y tramposo que no deja ver con claridad la firmeza de estas convicciones, quedando solo a la luz aquello que conviene para enmarañarlo todo. Que si el anterior Gobierno concertó un Plan de cierre, que si la gestión precedente estuvo salpicada de desatinos, que no defendieron suficientemente el carbón ante Bruselas y que los fondos para la reindustrialización se manejaron, manga por hombro, dando lugar a despropósitos y extravagancias como en la Casa de la Troya o en la de Tócame Roque.

Cuántos fondos propios de Junta o Diputación hubo en las infraestructuras de las cuencas mineras ¿no eran competencia del Presupuesto regional y provincial para que, al cabo, se franqueasen exclusivamente con dinero Miner? Los cuatro millones de euros dotados por el Plan del Carbón desde hace lustros para llevar fibra óptica a ayuntamientos como Fabero o Bembibre, y en estos poder instalar centros de teleoperación creando empleo, ¿por qué siguen sin activarse por la Junta? Cuando se propuso la variante de Villablino por el Miner, ¿por qué la Junta sacó una batería de costosas variantes para sufragar con estos fondos en lugares sin vinculo con la minería, mientras la Fresnedo-Fabero sigue sin hacerse o la Autovía de Toreno a Villablino se esfuma o el centro Hospital de Laciana se queda en centro de salud?

Diógenes, con una lámpara encendida a plena luz del día tropezaba con los transeúntes de la polis ateniense, clamando a gritos por un hombre. Así este Gobierno promete y despromete, en medio de juramentos y ofrendas para salvar el carbón, mientras rebana hasta las migajas del anterior Plan y deja pasar el tiempo sin soluciones. Buenos estrategas, conocen a la perfección la flojedad de la memoria, que nos hace vivir el drama del presente con tanto vértigo que dejamos de lado pasado y futuro. Yerran quienes se han dejado convencer de que ya no hay pugna ideológica. Sigue tan viva que Esperanza Aguirre manosea antiguos principios del voto censitario para ponerlos en la escena actual. A su reclamo para el desempeño de cargos públicos limitado sólo a quienes tienen un trabajo, sumas la condición de tener propiedades inmuebles o un determinado nivel de rentas y te parecerá vivir períodos históricos de escándalo y desenfreno, en que representación y voto quedaba para los ciudadanos augustos y honorables.

Fuera el disfraz, ya vimos lo que dio de sí la revuelta de los populares leoneses contra las decisiones del Gobierno, atentos, aún no veremos su verdadero rostro, bajo ese disfraz, otro. Dicen que borrón y cuenta nueva. Cómo borrar tanto abuso y atropello a los mineros y a las cuencas mineras, tanto compincheo con Victorinos Alonsos que sin cunplir sus obligaciones exigen y chantajean a obreros, alcaldes, pedáneos, con el consentimiento gubernativo. Zanjada la participación institucional de los sindicatos en el Plan del Carbón.

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En su esquema, el esquema de este espectro ideológico, no hay fórmulas de participación que velen por los aspectos sociales y regionales derivados de los nuevos ajustes, o por atenuar el impacto que produce la pérdida de puestos de trabajo en el sector con medidas menos traumáticas como recolocaciones y prejubilaciones en caso de cierres, o el apoyo a proyectos empresariales generadores de empleo, y olvidémonos ya para siempre de la formación en las comarcas mineras, de las becas y de la creación de infraestructuras. ¿Borrón a eso? y ¿qué cuentas son éstas que no debemos ver? Diógenes, quizás en realidad, buscaba al hombre honesto.