LEÓN EN VERSO
Avispas
Hay tíos en León que saben con certeza la fecha de enero en la que va a nevar con sólo observar el revoloteo de las avispas en septiembre. Prodigios.
Los excesos en el vaticinio hacen de menos a esas fotos que se suelen pintar políticos delante del mapa del tiempo el día antes de que se abran los cielos. ¡Vaya adivinos! viene a concluir el paisano que sin despeinarse acertó en otoño con el vaticinio; sin más aparatos que las alas de unos insectos, sin más medios que la simple proliferación de avisperos con inquilinas hambrientas.
Con la nieve y el invierno —vialidad invernal— se han escrito páginas memorables de la política leonesa, plagada de elementos y escasa de motivos para justificar que se hace algo. Está tierna aún la ley de Luis Aznar, desde aquel trono lejano de director general que ocupó en el 112 (no lo encontró más cerca) cuando derogó por decreto el aislamiento en los pueblos leoneses, incompatible con las nuevas tecnologías, así que pasen quince días sin que a los lugareños les asista una mísera fresadora o una quitanieves.
León ha dejado desde entonces de regir sus estaciones por el reloj del solsticio; el invierno no comienza el 21 de diciembre, ni por los Santos, cuando los camposantos quedan sembrados de flores a la vez que los pueblos desprovistos de gentes. Invierno en León es cuando un políticos se pone delante de una quitanieve, pieza del bienestar, repiten como vendedores.
Es bueno que nieve, y que se monten tinglados en torno a los copos. Qué iban a hacer si no los padres de la patria, y los hijos de la autonomía. León estaba necesitado de una foto imposible, una instantánea sobre la inversión ferroviaria. Un cuadro que parece reservado a Valladolid, vino a recordar Antonio Silván, como si no estuviera bien claro que una cosa es León y otra el reino del Pisuerga. Allí hay empleo, aquí frustración; aquí declive, allí desarrollo; allá AVE, aquí avefrías.
Por si el consejero de Fomento, Medio Ambiente, y etcétera, quedara expuesto a ser sacrificado en la hoguera por la temeridad del agravio, corrió al rescate entre la helada Martín Granizo, otro ejemplo de la poca falta que nos hace que vengan de fuera a partirse la cara por el futuro de los niños leoneses. Ayer los trenes volvieron lentos sobre la ciudad nevada; tal y como quedó escrito en aquel vaticinio de las avispas.