León

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Abrieron las puertas de los colegios el miércoles a media mañana y se echaron por la calle los guajes a dar abrazos para celebrar el Día de la No Violencia. Una culpa más de la ESO, a la cual se achaca en la última década desde que los rapaces no se sepan los nombres de los abuelos del rey -cuando los entresijos de la historia los representan los yernos- hasta que se les vea la goma de los calzoncillos por encima de los pantalones. Un ensayo para que los profesores encuentren propuestas alternativas con las que ocupar el tiempo, ahora que la Junta ha decidido adelgazar la plantilla hasta convertir las aulas de Primaria, Secundaria y Bachillerato en estadios de fútbol, a partir de la reducción de la plantilla de docentes en la provincia leonesa en 68 plazas el próximo curso. No son recortes, sino optimización de personal, que lo necesario son los asesores y apesebrados que hacen coro alrededor de los políticos.

La desbandada de los chavales por la ciudad con sus brazos abiertos de manera indiscriminada -que hasta pillaron por medio a Isabel Carrasco y casi la convierten- avanza un modelo educativo al estilo africano. No tanto por la máxima de que la responsabilidad de la enseñanza recae en el conjunto de la tribu, sino por el apelotonamiento y las tasas de abandono.

La propuesta del departamento de Mateos tiene como complemento una planificación a medio y largo plazo, como marca cualquier buena economía de escala, en la cual se adelgaza la oferta de la universidad de León. Por el momento ya queda confirmada la eliminación de Geografía, para que perdamos la manía de reivindicarnos como punto neurálgico del noroeste, y cualquier día acaban con Historia para que no dudemos de que Castilla y León es una, no dos, y viene de cuando el hombre de Atapuerca.

Un proceso de fagocitación progresiva, sin que Valladolid haya perdido todavía ni una asignatura de libre elección en su campus, ante el cual al rector no se le ha oído abrir la boca para quejarse, como si se hubiera contagiado de ese espíritu beatífico con el que el alcalde nos recuerda que los recortes son por nuestro bien, que fuimos pecadores a los que confundió el progreso.

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Con este cuerpo de representación, cómo no van a querer los guajes tirarle los brazos al primero con el que se cruzan por la calle. Lo raro es que no aprieten alrededor del cuello.