Diario de León

EL RINCÓN

Lo aconsejable es la eutanasia

Publicado por
carlos carnicero
León

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La ética moderna más avanzada ampara la eutanasia en los enfermos terminales o crónicos graves para aliviar el sufrimiento y que puedan descansar en paz con una muerte digna. En política, la eutanasia es la dimisión para acortar la agonía de un político incurable. Éste es exactamente el caso de Mariano Rajoy. ¿Cuanto tiempo de vida política le queda a Mariano Rajoy? Un sociólogo político no podría marcar plazos. Muchos pacientes, al escuchar el diagnóstico irremediable, comienzan una peregrinación por especialistas, brujos y curanderos, esperando el milagro que haga reversible la enfermedad.

Mariano está en esas. Su bálsamo de fierabrás es la confianza en que el tiempo cure sus heridas. Y sus compañeros de partido, no todos por supuesto, le administran calmantes y oxígeno. Y él, recluido en La Moncloa, ha decidido no pisar la calle. Pero hay una reunión de especialistas el próximo 20 de febrero en el Congreso, que en vez de analizar «El Estado de la Nación» van a establecer un diagnóstico definitivo del paciente sentenciado.

Contemos con algunos factores que pueden aliviar al enfermo. Primero, la mayoría absoluta que le blinda contra el éxito de una moción de censura, sobre todo porque la Constitución establece que tiene que ser constructiva. Hacerla como ejercicio democrático y dialéctico tiene sus riesgos y no parece que el PSOE quiera correr ninguno.

Segundo, tiene poder e influencia mediática sobre medios de comunicación —entre ellos el manejo arbitrario de las televisiones públicas que controla— que ponen sistemáticamente en cuestión las informaciones de los periódicos que todavía gozan de algún grado de autonomía. Tercero, la Justicia es lenta y a veces muy conservadora. La enfermedad de Mariano tiene la amenaza añadida de muchos virus y bacterias en las atmósferas interiores y exteriores de su partido. La bacteria más activa es Esperanza Aguirre. Nunca ha ofertado disimulos en las erosiones que practica sobre Mariano Rajoy. Le ha hecho una exigencia capital sabiendo que es letal para el presiente: que se querelle contra el origen de todos sus males actuales, Luis Bárcenas. Y la infección generalizada en la sociedad española que dictaminan tozudamente las encuestas. Nadie cree a Rajoy, casi nadie confía en él y la mayoría quiere que se vaya de una vez.

No hay seguros de vida que protejan contra la muerte, que es la única certeza de la vida. Y en política no hay seguro que certifique la vida eterna de ningún partido. Si el CDS prácticamente pasó de la ocupación del poder a la extinción, ¿qué garantías tiene el PP de que esta peste no lo convertirá en una reliquia del pasado?

Es cierto que el PSOE está en el limbo de no saber como manejar este asunto como tantos otros porque sus fríos cálculos electorales y su incapacidad organizativa le tienen desconectado de la indignación en la calle. Pero que el otro paciente de la política española también esté enfermo no garantiza que el partido desahuciado pueda encontrar un curandero o un milagro que lo cure.

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