FUEGO AMIGO
Funerales del ahorro
El miércoles de ceniza, durante los funerales del ahorro en Botines, un grupo de trabajadores y afectados por la gestión de los artistas financieros los increpaba en la entrada. Ya eran menos los del desfile, porque ese convite fúnebre no tenía dieta, pero en las fotos se ve a gente que durante estos años en el gobierno de la Caja ha engordado su patrimonio con pisos urbanos y chalés playeros a un precio de risa. Quienes no estaban todavía eran los miles de víctimas del pufo de las preferentes. Van tomando nota, con dolor, de lo ocurrido en Bankia para intuir los que les puede esperar.
En los manejos ruinosos del ahorro de nuestra gente han estado los partidos políticos nacionales y locales, los sindicatos, la patronal e incluso las agrupaciones de trabajadores. La calamidad resultante pone de manifiesto la avería en los mecanismos de representación, porque una vez acomodados, los consejeros ya no miran a quienes los promovieron, sino a sus intereses particulares y de clan. Por eso, resultó imposible culminar el proceso de agrupación de Cajas, porque cada cual iba sólo a lo suyo. Y en ese tramo ensimismado, las dos entidades más fuertes de Castilla y León, que trituraron el ahorro centenario de seis provincias, tuvieron un balance catastrófico, de miles de millones de euros en pérdidas. Aquel legado quedó en una fundación que tirita y un banco con un agujero de centenares de millones.
No tengo ninguna duda de que son los trabajadores de las entidades quienes mejor conocen los abusos de estos transeúntes del dispendio. Los repetidos viajes de placer, la disposición de préstamos en condiciones inimaginables, la bicoca de los pisos y chalés de ganga, incluso los baúles gastronómicos que les llevaban a casa por Navidad. Todos sabemos por experiencia que los trabajadores son lo mejor de las Cajas, incluso lo único bueno. Ahora ven amenazado su empleo por la actuación aventurera de una reata de incompetentes. Acabaron con la Obra Social, fumigaron el ahorro de nuestra gente y guillotinan su trabajo. Los trabajadores son testigos directos de esa calamidad.
El miércoles salieron a la calle y ahora deben acudir al juzgado. Porque el recorrido desde la prosperidad a la ruina absoluta de Caja España-Duero no habrá sido muy diferente a la deriva de Bankia. El desfile judicial de Madrid puso de relieve abusos en dietas y retribuciones millonarias, además de algún empeño descabellado, pero muy expresivo del despilfarro reinante. Me refiero al Torreón gótico de los Lozoya, en Segovia. Dado cómo han manejado los dineros, es preciso vigilar de cerca todo lo que tenga algún valor, porque ya han acreditado que no son gente de fiar. No vaya a ser que además de los ahorros, perdamos también la vergüenza.