Diario de León
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CABALLERO
León

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Sabemos que Rubalcaba ha estado en este mundo durante los últimos 11 días por el reguero de tuits que deja: esa herramienta que utilizan ahora los políticos para demostrar cercanía, como si escondieran la almohada debajo de las sábanas para simular que están en casa, cuando en realidad se han escapado a un concierto de Justin Bieber. Un sueño plácido del que se despertó a media tarde del viernes, desvelado por las piedras lanzadas contra la ventana por la ciudadanía, contrariada al ver a un alcalde socialista en Ponferrada aupado al sillón de mando con los votos de un condenado por acoso sexual. Que dimita, ordenó el químico escandalizado. Una escena bufa, como la de la Escopeta Nacional de Berlanga en la que el Marqués de Leguineche, con la colección de pelos de coño ordenada en tarritos en el armario, ve llegar a las vedettes y exclama: «¡Qué vergüenza, cómicos en mi casa!».

El guión de la moción de censura de Ponferrada —que todavía espera un cierre en el que no se sabe si volverá a salir Folgueral a hombros, pero esta vez boca abajo— cumple con todos los ingredientes de un sainete. Una pieza cómica en la que los protagonistas se esfuerzan por representar una moraleja moral en la que todos quedan retratados: el PSOE por su ambigüedad ética para apoyarse en un condenado por acoso para conseguir la Alcaldía y justificarlo en que así lo sacan de la política; y el PP por su dignidad fingida, tras la que quieren olvidar que lo apoyaron durante todo el proceso judicial, y aún después, y que si no hubiera sido por el empecinamiento de López Riesco —qué tontería pensar que Carrasco atizó la cizaña— el pretendido villano sería ahora un héroe popular o, como poco, un socio de gobierno. Dos posturas hipócritas de las que se ríe Ismael Álvarez con sus formas pulcras y su hablar sincopado, como si hubiera ido al logopeda con Tony Soprano.

Pero el papel más sustancioso del reparto se lo queda Óscar López, con su diálogo de Yo pecador, en el que insiste en su culpa, su culpa, su gran culpa, para exculpar a Rubalcaba. La puesta en valor de ese socialismo naif, construido a base de eufemismos que lo mismo valen para un curso de autoayuda que para un pregón de fiestas en Los Oteros, con el que ha quedado desnudo en medio del escenario, tapado apenas por la hoja de parra de la bufanda de Celestino Rodríguez.

Todavía se carga Folgueral a Rubalcaba como último servicio al PSOE.

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