LA GAVETA
Ismael 2015
Ha sido también literatura, y no de la mala, lo que culminó el viernes día 8 en Ponferrada. Literatura que narra amores y desamores, traiciones y desencuentros, inquinas rumiadas durante muchos años. Y el dolor, que es una gran palanca para la acción. A fin de cuentas, ¿que sería de la vida y el arte sin el dolor?
Ismael Álvarez Ponferrada, IAP, llevaba muchos años melancólico bajo la sensación de vivir una clamorosa injusticia. De haber sido víctima de una infame campaña política, articulada por el PSOE local. Un partido que en tiempos de Charo Velasco era un hangar incendiario de gritos y derrotas.
Ese dolor de IAP, respetable, clamaba reparación. Y servirla en el más gélido de los platos. Había que esperar, ver cómo. Y aunque el empeño parecía imposible, para IAP no. Volvería. En el 2003 era impensable postularse como candidato a la alcaldía, tan reciente el huracán Nevenka. En el 2007 aún era más inteligente esperar.
Llegado el 2011, y sabedor de que las relaciones entre López Riesco y la dirección provincial del PP eran mortuorias, IAP se lanzó a la piscina. Logró su objetivo gracias a solo 200 votos. A partir de ahí la presa estaba rodeada. Había que ir apretando poco a poco. Hasta el día de la mujer. Y del macho.
IAP sabía que solo podría ser salvado por el PSOE. Solo su verdugo podía perdonarle. Solo el partido que lo machacó a conciencia, hechos judiciales al margen, podía rehabilitarlo. Dejarlo inmaculado ante los ojos de la jerarquía territorial del PP.
Y dio el paso, porque todo es bueno para ser el nuevo alcalde de Ponferrada en el 2015, que es su verdadero objetivo. Ser el alcalde que sume los votos de IAP y los del PP. Que siempre serán más que los del PSOE, visto cómo van el mundo, Rubalcaba y la ciudad. Tenía que darle dos años a Samuel para ser perdonado.
Y se los ha dado. Su salida oficial del ayuntamiento es una broma virtual. Lo mismo que los 18 puntos que, según Samu/Ismael, justificaban la moción de censura. En vísperas del mundial de ciclismo y con la ciudad como modelo de transparencia gestora.
IAP se ha ido sin irse para volver en 2015. La jugada está clarísima, aunque en un principio muchos no la veíamos. El PSOE es el precio que hay que pagar para que el caso Nevenka ya no baje nunca de la nube, donde Folgueral lo ha enviado con un gran puntapié pragmático. ¿Y qué más da lo que diga Carme Chacón?
En todo caso, lo que más importa ahora es que Samuel tenga una buena singladura. Porque quienes deben ganar son la ciudad y sus habitantes, pese a las lúgubres apariencias. Una ruta que sancionarán los cinco concejales IAP. Ellos mandan y creo que son de derechas. De una derecha más nítida que López Riesco. Será divertido.