EL RINCÓN
Incertidumbre
Hablando de la situación de España —26% de paro, 6% de déficit—, lo peor es la incertidumbre. De las crisis se sale, pero la incertidumbre fermenta. La largura de la crisis fermenta el desasosiego y fomenta las dudas acerca de todo. Dudas sobre la idoneidad de las recetas para afrontar la recesión; dudas sobre el plan dedicado a sanear la banca; dudas acerca de la reforma fiscal; y dudas, también, hasta de la fortaleza del euro para superar las nuevas turbulencias financieras que se avecinan, según el decir de los expertos. En fin, dudas, hasta de la idea de una UE como panacea de disfunciones ancestrales de nuestro funcionamiento como país. La situación de Chipre y las erráticas políticas impuestas a los atribulados isleños por Bruselas es la prueba de la fragilidad o artificialidad del euro. La moneda común, cuando uno de los países se resfría, no es que tosa, es que va directamente a la UCI. Y de ese mal o de ese pronóstico que en perspectiva se ve tan exagerado aún no se ha librado España.
Pese al rescate europeo, el agujero negro de las cajas sigue haciéndonos mucho daño porque ineluctablemente sale a colación siempre que en Bruselas o en Frankfurt se habla de la situación financiera de los países de la Unión. El daño que los irresponsable gestores de las cajas intervenidas le han hecho a la imagen de la «marca España» es inmenso. Los directivos y consejeros de esas entidades en las que durante los años del boom inmobiliario avalaron créditos multimillonarios a los constructores más lanzados y aventureros deberían rendir cuentas ante los ciudadanos y en algunos casos ante la Justicia. No es de recibo el silencio que ampara tanta torpeza aliada en su día con prepotencia y alardes de vanidad. Aquellas alegrías financieras a costa de los ciudadanos que confiaron sus ahorros a las cajas han dejado un poso de profunda desconfianza hacia los gestores del dinero. Es una desconfianza generalizada y un tanto injusta porque no todos los banqueros fueron imprudentes. Pero el mal está hecho y tiene difícil, muy difícil arreglo. Ahora la gente desconfía. Desconfía de los banqueros, de los bancos y hasta de la vigencia de uno de los más sagrados entre los principios sobre los que se asienta el sistema democrático: la intangibilidad de la propiedad privada. Porque, visto lo visto en Chipre, ¿quién puede asegurar que algo similar no pueda pasar en cualquier otro país de la Unión Europea? Por eso hablo de incertidumbre. Sería bueno que en nombre del Gobierno, alguien —el presidente Rajoy, el ministro De Guindos— saliera a tranquilizar al personal rebajando algunos grados de incertidumbre.