EL BAILE DEL AHORCADO
Ínfulas
Recuerdo a Eugenia Gancedo (no pongo el mari por que creo que queda mal la tipografía) cuando era concejala de Cultura de Miguel en San Andrés. La recuerdo llamando a Eugenio de Nora para pedirle que acudiera a unas jornadas poéticas en el municipio. Creo que compartía despacho con otra concejala lalalá del ex presidente de Paradores porque cuando colgó el teléfono no le cabía el corazón en el pecho y requirió las sales de su roommate . Ha pasado mucho tiempo y han cambiado demasiadas cosas. Desde entonces, a Eugenia le ha crecido el pelo, el sueldo y la soberbia. Oye, que podríamos decir que ahora tiene más poso, más carácter político, intelectual, moral... pero creo que todo eso sigue igual que cuando hablaba con Eugenio de Nora y gastaba pelo corto.
Esta gradación se da también en hombres, aunque en ellos el incremento de los humos no suele ir ligado a ningún cambio físico, como mucho al coche. Las ínfulas son muy de León, sobre todo del León idiota. Aquí, das una patada y te salen un millón de ínfulas. Tienen una cosa muy buena, y es que suelen ir juntas, con lo que se ven desde lejos y puedes esquivarlas a tiempo. Da igual el partido político, la procedencia o la familia. Hay ínfulas con aires de Ordoño II y otras que huelen a la calle La Pajera, que está en Trobajo del Camino. Las ínfulas de las idiotas (esto es pleonasmo) se reconocen muy bien. Siempre van suspendidas en el aire, de manera lánguida. En lugar de caminar, levitan, y cuando te saludan no sabes si se van a desmayar. En el caso de los idiotos, la cosa es bien distinta. En ellos, esa idiocia, ese orgullo de la nada, se reconoce de otra manera. Da igual que sean altos o bajos, la ínfula les obliga a mirarte por encima del hombro, con la mirada y la sonrisa desviada, como su cerebro, supongo. Cuanto más cateto, más ínfulas. Si son papones, siempre se quitan el capillo, para enseñar su cara de tonto con ínfulas. Antes, el ostracismo social era el único camino para estos cursis, hoy se les hace la ola... Cosas de la post-postmodernidad.
Así que ahí tienen a Eugenia Gancedo, escudándose en las ínfulas para no dimitir después de que los jueces le hayan dicho que aprecian indicio criminal en su gestión. Ahí la tienen, haciéndose la lánguida y echando la culpa del presupuesto firmado por ella a los funcionarios. Ahí la tienen, haciendo paganos de sus ínfulas a los contribuyentes de San Andrés. Ay, las ínfulas...