Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Don Juan habría espetado: «¡Si tan largo me lo fiáis!». El conquistador sólo tenía sentido del ahora mismo, incluso mañana le resultaba un día demasiado lejano, al que se dirigía siempre en taxi. También el alcalde de León, Emilio Gutiérrez, el concejal de Hacienda, Agustín Rajoy, y el diputado nacional Alfredo Prada han conseguido que el ICO se lo fíe más largo al Ayuntamiento. Todo un logro. El plazo de devolución del crédito ha quedado ampliado de diez a veinte años. La cantidad no se reúne ahorrando cada mes unos eurines en la hucha de las lamentaciones: 165,8 millones. Más que tela, telar. El futuro sigue existiendo como problema, pero al menos ya no queda a la vuelta de la esquina, sino unas calles más allá. Se evita la paralización del consistorio, noqueado por deudas y demás taquicardias. ¿Veinte años es mucho tiempo o se pasan en un santiamén? Depende del calendario que se utilice. Ni siquiera un minuto dura igual para el rico que para el pobre. «Que veinte años no es nada» se afirma en el tango Volver . Hombre, algo es. El paso del tiempo nos enseña, y eso ya es algo. Por ejemplo, ayer se escenificó en el Auditorio un Tenorio negro, y nadie se rasgo las vestiduras, como se las hubiesen rasgado durante el franquismo, cuando este personaje de ficción era un icono de la raza , salvo para el doctor Marañón quien le caló a la primera.

¿Veinte años son muchos? ¿Son pocos? A usted y a mí, lector, el cumplimiento de los plazos nos cogerá en la consulta del urólogo o jugando al tute. La cantidad a pagar por el Ayuntamiento excede hoy mi capacidad de cálculo, tanto como las exceden las medidas de la muralla china, las proporciones áureas de Cindy Crawford o el tamaño del cosmos. Pues dentro de dos décadas ni te cuento.

En tiempos en los que hoy no se fía y mañana tampoco, conseguir tal aplazamiento en el pago del crédito es, no la tranquilidad definitiva para las arcas municipales, pues sólo quien paga descansa, pero al menos un gran respirín. A ver si hay suerte y aparece olvidado en un cajón el tesoro del rey Ordoño. Porque 165,8 millones no son calderilla. ¿Veinte años no es nada? Que se lo digan a Don Juan, que ya no recuerda cuándo fue la última vez que versificó.

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