Publicado por
MARGARITA TORRES
León

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Amuchos, que somos docentes, se nos abren las carnes al oír hablar de la posibilidad de cerrar colegios en los núcleos rurales, sin valorar los condicionantes del entorno, y sí el frío dato del número. Así acaba de pasar, muy recientemente, en nuestra provincia, amén de en otras partes de la comunidad autónoma. Justificaban los técnicos de la Consejería de Educación que si no llegas a tanto, cierra cuanto y nos llevamos a los niños.

Un atrevimiento que supone arrancar a los más pequeños de su entorno, convertir la educación obligatoria en más que penosa, en castigo y no en motivación. Si quieren ahondar en la herida de la despoblación de nuestra tierra, ese es el mejor camino posible. Nacen pocos niños y, a los que osen venir al mundo en el entorno rural de montaña, lo mejor es condenarlos a huir más pronto que tarde.

Cierto que, de forma puntual, se ha dado marcha atrás al tema. Dentro de un par de años volverán a la carga de nuevo. Tal es el plazo propuesto. Y francamente les confieso que no entiendo nada. Por un lado es objetivo prioritario de la Junta de Castilla y León mantener vivo el norte de la provincia, tratar de potenciar, demográficamente hablando, una tierra de la que se escuchan los últimos estertores.

Antiguamente se afirmaba que un pueblo, para vivir, necesitaba de tres personajes: cura, maestro y doctor. Lo de los curas cada vez queda más lejos. Basta comprobar la de iglesias que se han caído. Por lo que respecta a los médicos, con esta Sanidad a punto de reventar en la que se prefiere dejar en coma a una paciente antes que llevarla a un quirófano después de más de 200 días de espera, como se acaba de publicar en los medios –afortunadamente, de momento, no es leonesa-, no nos resta sino afirmar que si jubilan a los profesionales de la salud, dejan de mantener el concierto con entidades privadas rentables para todos, apuestan por prolongar esperas vaya Vd. a saber cuál es la razón, no nos resta sino morirnos como hacían los ancianos de las tribus indias del Oeste americano, a los que se les dejaba abandonados con un poco de agua y comida cuando emigraba el resto detrás de los bisontes. Al menos no molestaban al jefe de la tribu.

Y nos quedaba el maestro, la figura más entrañable de todas. Aquella que forjó sobre sus espaldas y esfuerzo la cultura de una nación, que sobrevivió a represiones y persecuciones, que supo apostar por la chavalería de pueblo pero válida, que contribuyó a sacar adelante España. Ahora es su turno.

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Aunque, visto lo visto, con el futuro que aguarda a nuestros jóvenes suficientemente preparados… mejor es no estudiar ni las primeras letras, así que nos informe el que sabe, que es el que manda. Y al amo no se le contesta, ni cuestiona. ¿Enseñanza, qué?