Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Lo recuerdo como si fuese ayer. El entonces presidente de Caja España, Javier Fernández Costales, había encargado a Vela Zanetti un retrato de Gaudí para que presidiese la sala de juntas, en Botines. Pasado el tiempo, dado que quedaba una semana para el Día Mundial del Ahorro, me pidieron que fuese a Milagros a recoger la obra, acompañando a la empresa de transporte. «Ven a última hora de la tarde, que ya lo tengo casi acabado», me dijo. Pero «casi acabado» es una afirmación muy ambigua cuando se trata de crear. Una vez allí, Gertrudis, su cocinera, me pidió que subiese al estudio, pues el pintor deseaba hablarme a solas. Allí me encontré con un Vela desolado: «¡ya no sé pintar!». El retrato del arquitecto tenía manchones de numerosas rectificaciones sobre lo que debían de ser las manos. La parte del cuerpo que mejor dominaba, aquella tarde se le resistía. Le tranquilicé: «Tranquilo, Vela, me voy a cenar a Aranda con los transportistas y te dejamos un tiempo para que termines con tranquilidad». Cuando regresamos, estaban ya terminadas. Fue entregado a la entidad, se presentó el Día del Ahorro y con la presencia del artista. Unas semanas después, tuvimos un encuentro en su taller. «Estoy muy preocupado con el retrato, me ha ganado», me dijo. «Vela les ha gustado mucho», le tranquilicé. Y fue entonces cuando me dijo algo que no he olvidado, y que he contado en algún texto sobre el pintor. «El retrato de Gaudí me ha ganado en lo profesional, en lo personal y, lo que ya me tiene más preocupado, en lo espiritual». Hermosas y enigmáticas palabras, propias de su gran humanidad.

Astorga conmemora el centenario de la conclusión del Palacio Episcopal, obra de Gaudí, quizá uno de los creadores más libres. Su libertad no fue consecuencia sólo de su personalísima imaginación, sino de su profunda fe. En su obra no hay ocultos códigos Da Vinci, ni mensajes templarios, como algunos quisieran, sino cristiandad. Atravesó el espejo, como Alicia, pero las imágenes que se trajo consigo eran místicas, no psicodelia surrealista.

Y en este mes de junio, que parece «el invierno de nuestro descontento», a esta columna han venido hoy a posarse dos centenarios, Gaudí y Vela Zanetti, como dos gorriones.

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