Diario de León

TRIBUNA

Triste memoria histórica de la caja de ahorros

Publicado por
josé-magín gonzález gullón Periodista y cliente de la Caja
León

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Allá por los albores del siglo XX un grupo de leoneses, amantes de su tierra, procedentes en su mayoría de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de León, se constituían en patronato para fundar la primera Caja de Ahorros en la provincia, cuya primera y más conocida denominación fue la de Monte de Piedad de León. Una institución financiera de carácter benéfico y social que se ganó de inmediato el cariño y la confianza de los leoneses, y que rápidamente fue creciendo y extendiéndose por toda la provincia con gran diferencia respecto al todavía escaso número de oficinas bancarias existentes.

Pero fue a mediados de siglo cuando la Caja de León alcanzó resultados económicos impensables para cualquier otra entidad financiera. En casi todas las familias leonesas había una libreta de la Caja. Fueron los años en que ostentó la presidencia aquel inolvidable caballero de figura y hazañas quijotescas, ejemplo de leonesista incansable, que fue Emilio Hurtado Llamas. Su amor por León y su enorme entusiasmo por defender a su gente y a su tierra le llevó a protagonizar episodios excepcionales. Sin que olvidara nunca el fin primordial de la institución bajo su mandato se construyeron viviendas en toda la provincia tanto para sus clientes como para familias necesitadas. Casi todas las actividades culturales y artísticas contaban con su patrocinio. Lo mismo que las distintas instituciones benéficas o el patrimonio artístico provincial. Careciendo entonces León de un hotel de lujo para albergar congresos y acoger excursiones turísticas, y cuando todavía era impensable que Fraga Iribarne salvara de la ruina el edificio de San Marcos, la Caja construyó el Hotel Conde Luna siendo entonces un referente para el turismo internacional. Otra gran consecución suya fue el Sanatorio Siquiátrico Santa Isabel. Como constante fue su ayuda a la agricultura y ganadería, introduciendo en León, con gran éxito, la raza parda alpina. Pero sin duda la principal y más loable consecución de Emilio Hurtado al frente de la Caja, la que mayores esfuerzos y enfrentamientos le supuso, fue la creación de los Colegios Universitarios como paso primero y obligado para inaugurar la Universidad de León, sin duda la obra más importante lograda en León durante el pasado siglo. Y para la que hubo de superar la furibunda oposición del Ministerio de Educación espoleado por los rectores de Oviedo y de Valladolid.

Pasados unos años, se fueron incorporando nuevos miembros a su consejo de administración cuyos intereses políticos en unos casos o empresariales en otros pronto se impusieron a los que hasta entonces habían distinguido a una entidad bancaria ejemplar y netamente leonesa. Se volvería a morir del susto Emilio Hurtado, como todos los leoneses morimos un poco aquel día, cuando aprobada una primera fusión con otras Cajas de la región, siendo la de León la más poderosa y la salvadora de quienes a ella recurrían, los consejeros de la entidad capitulaban vergonzosamente ante las imposiciones de los políticos vallisoletanos y Caja León perdía su identidad, sus raíces y hasta su nombre. Es claro que con estos consejeros al frente de la Caja, nunca hubiésemos tenido Universidad.

Siguieron años de continuos sobresaltos, de noticias y rumores inquietantes para sus fieles clientes. Y así nos enteramos de que la Caja participaba generosamente en una compañía aérea local, propiciada por varios de sus consejeros y empresarios de la construción, a la que puso fin una gestión desastrosa, cuyas pérdidas aún desconocemos. Se supo y se publicó que un exconcejal de Urbanismo cobraba de la Caja, como arquitecto, dos veces por el mismo trabajo. Que algunos empleados en excedencia, bien por dedicarse a la política o por otros motivos, eran prejubilados o indemnizados con cantidades supermillonarias. Como sorpresa causó tanto en los empleados como en los clientes la contratación del mismo director general que dos años antes habían cesado y damnificado millonariamente, dando pie a quienes pensaban que así se aseguraban su silencio. Por no hablar de los ventajosos créditos autoconcedidos entre algunos de sus dirigentes o de la proliferación de polígonos y viviendas avalados por la Caja cuando todo León dudaba de que pudieran ser vendidos. Para colmo de males, surge un importante número de clientes denunciando haber sido víctimas del timo de la estampita preferente.

Y así llegamos a su triste estado actual. Justo parece por tanto el que tanto empleados como clientes, cuya indigación es notoria, reciban una explicación y sobre todo resplandezca la justicia, y tanto elllos como la opinión pública leonesa, puedan conocer los motivos y los culpables, si los hay, de una de la páginas más negras conocida en León en los últimos años.

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