Diario de León
Cristina Fanjul
León

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El Musac comenzó a naufragar cuando Silvia Clemente se puso las botas camperas y dejó descompuesto el mundo del arte. Eso sí, con cientos de novios que pensaron que ese era el momento de tirarse a la yugular de una novia —la cultura— que en la comunidad sigue estando virgen de todo menos en inocencia. Y así llevamos desde entonces. Supongo que habrá más de uno que se alegre. La idiocia es una de las cualidades en las que Dios fue más ecuánime, pero también es cierto que desde hace cinco años son muchas las personalidades del mundo del arte que se compadecían del museo. José Guirao, Octavio Zaya y Víctor del Río están entre ellos. Ayer, hartos de hablar con una pared, decidieron que el mejor servicio que podrían hacer a la causa de la dignidad era dejar el cargo.

Antes, Rafael Doctor y Agustín Pérez Rubio se habían ido porque no aguantaban más, más intromisiones, más soberbia y más mediocridad. Ahora, ha sido Eva González-Sancho la que ha puesto pie en pared. La diferencia es que en esta ocasión no ha habido paños calientes para salvarle la cara a nadie. Porque aquí hay mucho mar de fondo, porque, como alguien que sabe muy bien de lo que habla me dijo ayer, son legión en la Junta los que creen que un proyecto artístico consiste en poner clavos en la pared. Y no. Un proyecto artístico es diálogo, algo para lo que estás prácticamente impedido si lo único que escuchas es el eco lejano de la consigna, y es pensamiento, una capacidad para la que hace falta la reflexión y no el dogma. Pero estamos en un lugar en el que la fe está íntimamente ligada al pesebre y así es complicado que Voltaire tenga algo que hacer.

El affaire de Ángel Marcos en la Bienal no es más que una gota, una gota que desborda un vaso que ha ido creciendo con los años y que se ha convertido en el exponente de un comportamiento trocado en norma, aunque intenten camuflarlo tratando de ponerle la letra escarlata a quien actuó de buena fe, pensando que la buena voluntad, a veces, gana. Conozco a Ángel y creo que no ha sido consciente del alcance que ha tenido su propósito de acudir a la Bienal. Feria de vanidades. Decía Santa Teresa que se llora más por las plegarias atendidas. Supongo que el artista estará repensando si su pequeña subversión ha valido la pena.

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