Diario de León
Luis Urdiales
León

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Las redes sociales prendidas del ombligo leonesista celebraron con júbilo el anuncio de fin de ciclo de Chamorro. Por el facebook se conoce hoy el ánimo del vestigio social de la UPL, igual que se supo del fracaso que el PSOE heredó de Zapatero siete días antes de las elecciones del 2011 por el enfado de los alcaldes del alfoz ante el aluvión del twitter de Eugenia Gancedo.

Si entre el objeto social de la Unión del Pueblo Leonés estuviera ofrecer menús y comidas a la carta, ya estaría Chicote por León, y los próximos tres capítulos de pesadilla en la política irían dedicados a la falta de comunicación entre el jefe de los fogones y el maitre, la letra ilegible en las comandas, el desajuste de ingredientes entre lo que pide el votante y lo que ofrece el ayudante de cocina, la desidia de los camareros y hasta el sabor rancio del plato del día.

Se va Chamorro, que se cansó de insinuarlo casi desde que llegó, en medio de ese halo intelectual del que se infectó con el pacto del NH, el que elevó al raquetismo a los altares. El irse de Chamorro es el denominador común que salpica su gestión. Sus primeras palabras nada más que accedió al cargo de secretario general fueron «lo voy a dejar», con ese desdén tan propio de los leoneses al coger un brillante como que fuera un manojo de ortigas. Marchar es el verbo que conjuga Chamorro en su particular pasapalabra; y de la actitud despreocupada que ofrece desde el ayuntamiento, ese no saber, esas ausencias profundas, ese yo no estaba. Y allí sigue desde que España se quedaba en la cuneta de los octavos de final en los mundiales.

La escapada orgánica va por los corredores de la novela histórica que bebe en la analogía de Bellido Dolfos, y otras puñaladas tras los postigos con gateras. Que le dejen un párrafo del prólogo a Abel para contar cómo lo liquidaron en un crimen que nunca se aclaró, y detallar el escarnio de las flechas en la escalerilla del avión que le llevaba en la misión socioleonesista a Nueva York; se explicarán Pelines, Otero y Rubinat; cantará Bayón lo que cuesta sostener un escaño en los Guzmanes, y aún así quedarán agujeros negros en esta milonga de UPL.

Los que todo lo saben por ir al tapeo a Alfonso V señalan a López Sendino, el de los seguros, como relevo; Chamorro, pretencioso, dirá que es por una transición pacífica. Está la UPL como para ir a otra guerra.

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