Publicado por
CAMINO GALLEGO
León

Creado:

Actualizado:

La pasada madrugada el fuego tuvo su expresión lúdica en esta ciudad. El fuego, uno de los cuatro elementos de la naturaleza, siempre es temible, pero en la noche de San Juan se hace cómplice de las gentes que quieren celebrar el solsticio de verano, que las temperaturas y las horas de luz son mayores y así la vida es más fácil. Especialmente para los seres humanos que viven y dependen de la naturaleza, algo que, por desgracia, hemos olvidado y nos hemos alejado de ese contacto, como si las ciudades y el trabajo entre cuatro paredes fuera más digno y mereciera mayores reconocimientos; aunque cuando vienen mal dadas volvemos la vista hacia nuestros pueblos y, si no nos queda más remedio, regresamos a ellos, como hijos pródigos, sabiendo que al menos allí no nos moriremos de hambre.

Pero volviendo al fuego controlado de la hoguera sanjuanera, no entiendo el significado de esa pirámide u obelisco, como nunca entendí los motivos que se quemaron en años anteriores (incluso recuerdo uno en el que estaban don Quijote, Sancho Panza y Cervantes, que no sé por qué hay que hacer una pira con ellos) y el afán por hacer de nuestra noche festiva una especie de falla levantina. Las ciudades cada vez se parecen más en su mobiliario urbano y su copia o importación de costumbres o actos que nos igualan a todos. De seguir así ¿se imaginan el interés de los turistas futuros por viajar, cuando no sólo pueden verlo todo a golpe de Internet, sino que no existan las peculiaridades, dado que todos los lugares quieren tener lo mismo que sus vecinos? Pues eso. Dejemos las fallas para Levante y aquí sigamos con lo nuestro, aunque nos parezca más pobre o cutre. Me refiero a que en León lo que se quemaba hace medio siglo era la Tarasca, esa figura de señorita marisabidilla que con sus andares y sus coloretes quería llamar la atención. Todos los años se estrenaba Tarasca, porque cada noche de San Juan ardía en la hoguera la que había desfilado el año anterior.

Esto es lo nuestro. Con la Tarasca ardían nuestros malos momentos y recuerdos, el fuego purificaba todo y a la mañana siguiente, mañanita de San Juan, la nueva Tarasca volvía a bailar por las calles, renaciendo de sus cenizas, invitándonos a empezar una nueva vida, sin las ataduras que habíamos quemado por la noche.

Desde aquí invito a quien corresponda para que tome medidas y el próximo año la noche de San Juan sea nuestra y no como las de todos los sitios. ¡Felices fiestas!

Cargando contenidos...