CORNADA DE LOBO
El de Astorga
Tonadilla vieja que el pueblo canta escoñando la versión fiel: Aquí llegan los de Astorga que vienen en las carretas... y aquí nos traen veinte mozas que juntan cuarenta tetas .
Fue bilis cazurra para meter réplica y burla a la «oficial» que dice:
Leonesa, leonesa, ¿no eras tú la que decías que llegando los de Astorga con ellos te casarías?... Los de Astorga ya han llegado, con ellos no te has casado... y ahora, ¿qué dirá la gente?... solterita te has quedado ... Y aquí llegan los de Astorga que vienen en las carretas y han traído guapas mozas para lucirse en la fiesta ...
¿Lucirse además?... home, no... hasta ahí... ¿y solterita yo?... ¡pues te vas a quedar tú en puta teta maragata!, tate... y multiplicada por cuarenta.
Y ya tenemos el lío... cada cual, con su fuero y con su trapo: cuando pases por mi pueblo, coge pan y ven comiendo... y humilla el pendón, cabrón .
Estas cantárigas se me hacían eco el domingo al leer en un diario nacional (¡cuál va a ser!) una entrevista con los actuales marqueses de Astorga, reportajillo que, por repique tardío y copiota, encumbra la entrevista que les hizo Marco Romero hace cuatro meses en este periódico. No dice nada nuevo el rotativo madrillí que no supieras ya: que el marqués de Astorga es ella; que su marido, sevillano y noble, es abogado de lo nobiliario y sucesorio; que este marquesado tuvo más títulos que la Casa de Alba y es tres veces grande de España ; que pleitearon con un primo para ganarle el título y traerlo de Méjico a España... o que compraron el torreón de Turienzo de los Caballeros, rehabilitándolo, para tener seña y presencia en los lugares donde nació el cuarto marquesado más antiguo de España, s. XV... entonces, volvió otro eco de la burla popular envuelta en copla del s. XIX, cuando ese marquesado acabó de palmar sus fabulosas rentas y a fundir su ingente patrimonio: El de Astorga, el de Astorga, es un marqués singular... sin llevar nada a su andorga, caga más que los demás.
Además, ningún marqués de Astorga fue astorgano ni de lejos, ya le ronca... el maragato rudo no entiende eso, pero Sócrates puede explicárselo con sólo dos frases que aquí jamás diría.