Diario de León
Publicado por
roberto arias f
León

Creado:

Actualizado:

L eemos estos días las crónicas sobre la bancarrota sideral de Detroit y aunque es cierto que media mucha distancia aún entre la imagen apocalíptica de sus barrios abandonados, los teatros y los bancos desvencijados o su población en fuga; y la situación que presentan ciertas urbes patrias, la verdad es que la dramática comparación nos asalta cuando por ejemplo contemplamos como las administraciones ‘competentes’ se desembarazan de infraestructuras que estaban llamadas a ser centros de referencia. El Emperador difícilmente albergará jamás ningún espacio nacional de músicas históricas y la Universidad de León tendrá que comerse ella solita el marrón del pomposo hospital clínico veterinario de Castilla y León, que se quedará para uso interno docente y poco más. Ese camino detroiano parece que es el que le aguarda también al aeropuerto de la capital en el que lo único que aterrizan cada vez con más frecuencia son las negras estadísticas del desuso, con picados que rozan lo mortal. Con la referencia de Detroit en la retina ya no se sabe discernir bien si lo mejor es que el Gobierno intente vender aunque sea a un precio de saldo el teatro Emperador con un mercado inmobiliario por los suelos, o que tal vez corra el riesgo de terminar «alquilando» el interior del emblemático recinto dramático a una legión de sin techo a la espera de fondos para un proyecto cultural que sabe inmaterializable. ¿Es acaso eso lo que le espera, y aún no nos los han confesado, a la vieja térmica de Compostilla I que debería convertirse en la sede central del Museo Nacional de la Energía en Ponferrada?

«No estamos esperando que entre la caballería. Somos nosotros los que hemos cavado este hoyo». De ese modo tan corajudo el administrador de la bancarrota de Detroit, Kevin Orr, y el alcalde, Dave Bing, descartaban esta semana cualquier rescate federal inminente pese a la gravedad de la situación financiera que ha dejado la ciudad como un solar con 18.500 millones de dólares de deuda. Se plantean vender las obras de su Museo de Arte, una de las mejores pinacotecas del mundo. ¿Así tendremos que hacer nosotros, subastar las vidrieras de la catedral o privatizar la torre del Moclín del castillo de los Templarios? Aquí, en cambio, sí que estamos esperando a la caballería desde hace ya demasiado tiempo, pero a lo único que asistimos es a un perenne desembarco de acémilas. Y encima corruptos.

tracking