EL BAILE DEL AHORCADO
Conexión Detroit
Sale el alcalde y dice que León no es Detroit. Esto es, a menos, a menos, la consigna de que España no es Grecia, pero al revés, un mantra con el que no se sabe si quieren tranquilizar o amenazar. Ya hemos visto que, al final, el Olimpo de la miseria ha comenzado a convertir en mugre todo lo que toca, así que no llego a comprender — again — por qué razón Emilio Gutiérrez se deja aconsejar tan mal.
Hace cuatro años, cuando el Musac aún era una voz autorizada en el mundo del arte contemporáneo, Kyong Park expuso el resultado de una investigación de años. En Las nuevas rutas de la seda , el coreano mostraba el colapso que sufren muchas ciudades, el proceso de nomadismo al que se ve abocada la población mundial, la uniformidad y las nuevas formas de urbanismo. Le preguntaba, precisamente, por Detroit, un modelo que muestra hasta qué punto los viejos modelos industriales agonizan, un ejemplo de que las verdades que creíamos absolutas tienen pies de barro: «El cambio tecnológico en la producción automovilística ha obligado a las factorías a salir de la ciudad e instalarse en áreas rurales, después, en otras ciudades, y más tarde en otros países y continentes», me decía. Detroit es hoy en día un lugar cuyo centro ha sido ocupado por guetos, en el que el 80% de la vivienda tiene un precio que no alcanza el salario medio de sus ciudadanos.
El problema de la lógica argumentada por el alcalde es que una ciudad que nunca se ha industrializado no puede tener conexiones de ningún tipo con la capital automovilística mundial del siglo XX. Vamos, que Mad Max podría rodarse en León, pero sus vestigios no serían la huella de un pasado industrial. Esa metáfora sería más precisa si la hiciera León de la Risa, advirtiendo de la obligación de subvencionar el twizy —y sus siguientes versiones— cuando se demuestre que no son más que una mula coja.
León es más bien una ruina habitable, un decorado con el que Marinetti habría podido disfrutar como Nerón ante el fuego de Roma, pero Detroit... Nosotros no hemos tenido a Henry Ford, ni la General Motors, ni a Eminem, nuestro músculo industrial fue despreciado por una turba de tenderos y rentistas que no querían ver obreros y el financiero resultó aniquilado por tunancias políticas... en fin, que somos como una historia de Poe, como Annabel Lee, una ruina de dos mil años, una tumba, aunque ni siquiera hay mar.