Diario de León

TRIBUNA

Soberanía nacional y globalización

Publicado por
Luis Cosmen de Lama
León

Creado:

Actualizado:

La Soberanía Nacional, según algunas teorías de derecho político, corresponde al pueblo de quien se supone emanan, todos los poderes del Estado, aunque se ejerzan por representación. Históricamente existen dos grupos de doctrinas encaminadas a justificar el poder de la entidad suprema: doctrinas teocráticas y doctrinas democráticas. Según las primeras, los gobernantes han recibido de Dios el derecho a gobernar. La teocracia es una forma político social arcaica que perduró, sobre todo, en los pueblos de Oriente y que existió también en algunos países de América antes de la llegada de los españoles. El islamismo tuvo el mismo carácter: Mahoma no sólo fue el fundador y pontífice de su religión, sino que también el jefe civil de los musulmanes, lo mismo que los califas, sus sucesores.. El pueblo judío constituyó un ejemplo de teocracia, como también China, Tíbet, Irán y demás monarquías antiguas y modernas de carácter absolutista.

Es evidente que ahora en España, la soberanía nacional emana de una doctrina democrática y, la sociedad civil, muchas veces se plantea la cuestión: ¿Después de habernos integrado en el Sistema Monetario Europeo, hemos perdido soberanía y no democráticamente? Esta incertidumbre se agravó como es natural con la crisis actual y, al no saber, las condiciones que han determinado la entrada de España y otros países en el euro, cuando las instituciones europeas se empeñan en establecer un sistema social-económico que parece no contemplar las peculiaridades de cada país. Todas estas cuestiones son mucho más complejas que aquella incorporación de Alemania del Este, cuando la caída del muro de Berlín. En la UE existen unos nacionalismos que generan deplorables políticas defensivas en forma de excepciones tanto culturales como económicas y sociológicas. Hay que admitir, en Europa un cansancio histórico profundo y un grave descenso de los niveles éticos. Algunos observadores dicen que siempre mirando al Atlántico y, muchas veces, ignorando al Pacífico.

Actualmente, la sociedad civil, percibe que en la UE se actúa a destiempo y con poco éxito en sus determinaciones para darle mayor prioridad al trabajo, en la trama y la urdimbre de esa alfombra comunitaria que nadie acierta a pronosticar, cuando cómo se terminará de confeccionar. Posiblemente, algunos países hace mucho tiempo que ya están pisando moqueta y no tienen prisa. Los ciudadanos necesitan menos explicaciones macroeconómicas y más de las micros que les afectan directamente, que intuyen como el capital especulativo y la globalización destroza la soberanía de los Estados y les obliga a los políticos, a callar. Se escucha insistentemente que lo verdaderamente necesario para salir de la crisis será basar el crecimiento económico en unos principios poco cuestionables: el empresario, la innovación y su Estado soberano de calidad. Los países ricos fueron los que crearon una imagen falsa de prosperidad «importando al presente una versión ostentosa del futuro».

Parece imprescindible en la UE una unión fiscal, bancaria y económica, pero por encima de todo una unión política. ¿Para cuándo lo dejan y a que coste le está repercutiendo a millones de europeos, sobre todo, a los de los países periféricos? Lugwig von Mises, economista de la escuela austríaca, decía que el Estado nunca lleva a un país a la riqueza, pero si lo puede dirigir directamente a la ruina. Ahora podemos comprobar en España como la crisis de bancos y cajas, que de momento, tienen cerradas la ventanillas a la mayoría de peticiones de préstamos y créditos, habiendo vendido con premeditación y alevosía, deuda subordinada y participaciones preferentes, se demuestra lo fácil que es que las deudas privadas se conviertan en públicas. La insolvencia la mala gestión de las Cajas de Ahorro, al ser politizadas y dominadas en las áreas de ejecución por incompetentes, han llegado a crear exclusión social en la sociedad civil.

Los países perdieron soberanía al dejar el patrón oro de respaldar a la moneda. En 1971, cuando Richard Nixon, abandonó el ultimo vínculo que existía entre el oro y el dólar, una onza troy del metal, costaba 35 dólares. A mediados de 2011 su precio rozaba los 1.900 dólares. Es decir, el dólar se había depreciado un 98 por ciento. No se puede ocultar que cuando tienes moneda propia no hay problemas si anuncias una subasta y no acude nadie «Imprimes billetes, te compras los títulos y acabas con la especulación de raiz». Es lo que está haciendo el Reino Unido.

Hoy cuando el dinero es solo una anotación contable sin sustento físico alguno, su valor depende más que nunca de la confianza de los agentes económicos que lo utilizan y, el capitalismo financiero, aprovechando la globalización que desdibuja las regulaciones en general, se convierte en un latifundio de poder, anulando las decisiones de políticos en algunos países, excesivamente endeudados y, que no podrían salir adelante, sin acudir a esos mercados, donde algunas veces, las primas de riesgo marcan intereses que son realmente leoninos.

La política es el arte de gobernar y dar leyes y reglamentos para mantener la tranquilidad y seguridad pública y conservar el orden y buenas costumbres. Los políticos no están para crear empleo y, si lo hacen, no será en la economía real y sostenible, será incrementando el gasto público.

Necesitamos a los mejores y nunca a los más obedientes y, que los mejores, previa una exhaustiva elección, sean remunerados adecuadamente. ¡Qué no exista cohecho!

Escribía el Arcipreste de Hita/ Juan Ruiz: «Con arte se quebrantan los corazones duros/ tómense las ciudades, derribándose los muros/ caen las torres altas, álzanse pesos duros;/ Por arte juran muchos, por arte son perjuros».

tracking