LA GAVETA
Versos de agosto
En el Bierzo sucede cada verano un incendio de luz. De palabras esparcidas por valles y bosques, por pueblos y aldeas. Es un incendio sencillo donde todo es generosidad y amor a la palabra. No hay otra cosa, para bien de todos. No se reparte dinero, no se dilucidan primacías, no se pagan dietas, no se difunden sermones ni se mangonea en beneficio propio.
Porque el mundo de la cultura es, muchas veces, un inquietante escenario de poder. Eso sucede cuando hay dinero que repartir, fama que calibrar, vanidad que medir y egolatría que ensalzar. El poder todo lo enloda y siempre es pernicioso y hábil. Tanto, que a veces se da el caso de que quienes se benefician habitualmente del poder afirman cantar y escribir contra él.
El Bierzo ha ido consolidando una red de encuentros literarios cordiales y fecundos en los que se celebra la palabra del idioma castellano. Y del gallego, que también es idioma berciano. Se enaltece la intensidad y la revelación. La belleza.
Rodeada esa palabra de las formidables hayas del occidente berciano que viven en el pueblo natal de la poeta Carmen Busmayor, o del mundo de fuentes y evocaciones que concita el verde municipio de Noceda. Pasando por muchos otros lugares, como el pueblo bembibrense de Losada, que cada año lanza una revista literaria al mundo.
En todos estos actos y en otros de la provincia, el planteamiento es parecido en su generosidad. Unas personas entusiastas organizan lecturas de poetas. Y allí van los poetas, y allí van sus versos, y allí va el público a escucharlos, a sentirlos. Y luego la fiesta, la cena y la alegría de hablar, de compartir momentos y memorias, gozos y ninguna sombra. Y la noche llega y se alarga, y así hasta el año que viene.
Es un estilo propio, lo va siendo. No conozco otras tierras de España que organicen tantos actos así, espontáneamente, aunque con el modesto e imprescindible apoyo logístico de los ayuntamientos. Y es que el Bierzo es una comarca propicia para la palabra, para su fuerza creadora. Por eso tantos poetas han nacido aquí. Y también porque es una gran verdad aquello que dijo el filósofo alemán Heidegger: «El hombre habita la tierra poéticamente».
Y el berciano, más, es probable. Su geografía es fértil en muchachas soñadoras, en chicos que quieren escribir, que quieren ir lejos, que quieren descubrir el mundo. Pero desde la mirada del noroeste interior. La de la lluvia, la niebla y también del sol de tantos días en el Bierzo. Esa melancolía es pasión por la vida. Porque el melancólico suele ser muy ardiente en cuanto tiene ocasión. Y eso también es poesía. El Bierzo ama la palabra y la lleva por sus rincones, por sus horas y esperanzas. La palabra de los poetas, no la de los santones.