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Yentonces llegó Cameron y trató de involucrar a la UE, de la que Londres tanto desconfía, en el conflicto de Gibraltar, que se encona, ahora parece que de verdad y no (solamente) con fines propagandísticos. Tal vez contagiado por los aires británicos que anegan nuestras costas políticas, el PSOE ha dado a entender que importará el impeachment , con orígenes en el Reino Unido allá por el siglo XIV, para reprobar este otoño a Mariano Rajoy. Bueno, en realidad, el impeachment significa algo más: es un intento de procesar a un alto cargo, y pone de relieve el interés del principal partido de la oposición por comparar al actual inquilino de La Moncloa con aquel presidente mentiroso y marrullero llamado Richard Nixon, que hubo de dimitir, admitiendo sus culpas en el espionaje del hotel Watergate, antes de que le procesaran.

Tengo la impresión de que ambas cosas, los gritos de Cameron pidiendo el «auxilio» de la UE y esa amenaza ajena a la legislación española de promover una especie de juicio político (¡y penal!) contra Rajoy son cosas propias de la (falta de) agitación real que proporcionan las vacaciones estivales. O sea, que una y quedarán en nada.

Otra cosa que ese curso político que se aproxima, y que comenzará a apreciarse de veras a partir de la Diada del 11 de septiembre, no vaya a ser tórrido; por supuesto que lo va a ser, y nada hace presagiar que las relaciones entre los populares, con el agua cada día subiéndoles más hasta el cuello por los affaires Bárcenas y Gürtel, y los socialistas, que tienen que darse cohesión interna, tengan visos de mejorar. Hace apenas dos meses esperábamos con ansia el consenso, y ahora asistimos a una guerra sin cuartel, incluso con munición foránea como la del impeachment.

Y conste que no es que no haya motivo para criticar o castigar a un PP que se ha mostrado dividido, marrullero y con el «sálvese quien pueda» como divisa en las comparecencias de sus dirigentes ante el juez Ruz. Alguien tiene que pagar políticamente el pato de tanto caos en el partido gobernante, y pretender que solamente Bárcenas y, si acaso, Lapuerta, sean los paganos de tan abultada factura es pueril. Pero muchas veces he dicho que me parece que a Rajoy no le ha llegado la hora de abonar esa factura: cuando, pese a lo abultado de la deuda pública, la prima de riesgo baja, el Ibex sube, la crisis económica, en su sexto año, pierde sus perfiles más duros, conviene no dar pasos que podrían costarnos demasiado caros en solidez exterior. Ahora, hablar de cosas como un impeachment son ganas, me parece, de copar titulares en este puente, el más festivo y desnutrido de noticias del año.

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