León

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Tuvo un sueño el PSOE castellano al que puso fecha como Kubrick títulos: Objetivo 2011. Aterrizó Óscar López por encima de la linde de Riaza, tocado por el dedo de Pepe Blanco y la desidia de Zapatero, con el paracaídas sin abrir, y comenzó a nominar las cosas como si antes no existieran, cual si hubiera querido reescribir el origen de Macondo.

Un lenguaje extraído de los libros que había visto ocultos en los estantes prohibidos de Gobelas, donde el socialismo esconde desde hace casi tres décadas el secreto del tercer milagro de Lourdes: más allá no hay nada, pero mientras se alimente la parábola de las rosas y los peces habrá para que los santones puedan mantener su estatus.

López señaló con el dedo para hablar de la necesidad de reindustrialización, pero olvidó que era seguidor del Felipe González que abrió el grifo de Riaño y trancó las minas del valle de Sabero; mencionó el agravio inversor del PP con León, mientras daba manija a los bocazas del socialismo diferenciador leonés y consagraba la centralidad del eje de Valladolid y Burgos por encima de la colonias; citó en lo alto de los peñascos a los periodistas para contarles que habría un nuevo amanecer de desarrollo rural, aunque corrió raudo para que no perdieran un privilegio los urbanistas del poder que vegetan desde que Fuensaldaña fueran Cortes y para transigir con que los populares hicieran de la ley de montes un coto de señoritos.

Una reinterpretación del viejo testamento que le dio para poco más que conceder la razón a Villlalba, quien se frotó las manos cuando el salvador se quedó por debajo del pesebre que ni siquiera él había sido capaz de vaciar a fuerza de hacer kilómetros con el coche oficial y pregonar el sentimiento de región.

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Pese al escaso bagaje nadie discutió el feudo porque no había nada que repartir más allá de las migajas de la mesa de los arribistas. El banquete en el que apareció Julio Villarrubia para ser secretario autonómico, más como un protocolo para las tarjetas de visita que una necesidad. Un puesto que ha convertido en un estorbo para López con sus modos toscos, su arrogancia y su incontinencia verbal. La boca por la que esta semana se le escapó la mayor verdad que el PSOE ha dicho aquí en democracia: a la gente le da igual quién sea el candidato del PSOE. Seguirá la pesadilla.