Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Tipos así reconcilian a la gente con este oficio de contar que es el periodismo... contar para que se sepa... y para que la comunidad también pueda tener opinión propia y vela en el entierro de cada día, que es un entierro rutinario en el que muchas veces la propia gente, el pueblo peatón, es quien va en el féretro seguido de un cortejo de galenos expertos, mangantes y autoridades.

Pero para contar, indagar.

No tuvo otra norma Martín Ferrand, que ha muerto trabajando y quedó muda la clase en la que seguía yo matriculado de libre oyente desde que en 1970, con un transistor pegado a la oreja, entré deslumbrado en ella.

Dejaba entonces la tele este periodista coruñés y estrenaba en la cadena de los curas (conciliares) un programa de inédito dinamismo radiofónico, Cosas de este tiempo nuestro , un mosaico noticioso, opinado, divulgativo y amenísimo que también fue seña para olmos o iñakis (tres años después me dieron en la emisora local de esta cadena su hora de programa y lo titulé con guiño a su agudeza Por esas cosas, por estas calles ... y entonces, la radio me envenenó). Después, Martín Ferrand lo hizo todo en la comunicación: inventó la Hora 25 de la Ser , fundó Antena 3 de radio y dirigió después su canal tv, editó, asesoró, produjo, escribió en cien publicaciones... nunca hablaba sin conocimiento... dirigió incluso el periódico de más corta vida en la historia mundial de la prensa: cuenta Víctor de la Serna que el diario Nivel sacó su primer número a las 8 de la mañana y a las 10 el gobierno de Franco lo cerró; creían que Ferrand era comunista.

Gran talla profesional... y mayor la personal, se rebajaba el don Manuel y de cerca era un Manolo mitad gallego ilustrado (y cunqueiro ), mitad catalán astuto, tipo cordial, agudo, con criterio y sin alardes, verso propio... y sin collar, independiente, lo que le acarreó casi tantos enemigos como rendidos amigos... durante unos años coincidí con él en Protagonistas de Luis del Olmo y cada encuentro fue un alegrón y una charla intensa porque su cabeza tenía estanterías... y su corazón, salita... sus abrazos y elogios me fueron medicina... hasta siempre, maestro.

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