León

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Leo en un titular de este periódico que el rey Ricardo III de Inglaterra murió de lombrices. Ah, la ciencia forense y sus grimosos hallazgos a la hora de comer. Si la maldad del monarca fue como la contó Shakespeare, incluso la mitad de la mitad, tuvo una muerte acorde con su vil intestino. En la obra del dramaturgo no son tales parásitos las que acaban con el monarca sino un espadazo, en la batalla de Bosworth, final más clásico. Sus últimas palabras no fueron, pues, las que aseguró el bardo, «Mi reino por un caballo», sino un chusco «¡Me pica, rascadme!» Los suyos prefirieron rendirse a rascarlo. Nos hacemos cargo. Si uno tuviese tiempo escribiría un ensayo titulado «El picor como motor de la política». También a la oposición le ha picado que el alcalde de León regrese de su viaje a Madrid con plazos más largos para pagar la deuda. Lo consideran «más de lo mismo». Pero cuando no hay quien se rasque el bolsillo por ti, debes, al menos, intentar tú rascar unas fechas de pago más llevaderas.

Ricardo III nació en el en el siglo XVI, llega a hacerlo en estos tiempos nuestros y , habida cuenta la mala sangre que le generaban sus lombrices, que debieron de ser como la del lago Ness, nos declara la guerra por haber quitado a Inglaterra la condición de cuna del parlamentarismo. Fue un paisano dificilillo, cada día a la hora del té ordenaba una sangría, sin hacerles ascos a parientes y a amigos. Una joya. Por cierto, Gutiérrez había declarado antes de dicho viaje a Madrid: «No podemos dar la sangre», lamento muy shakesperiano. En la yugular municipal no quedaba ya lucocito que rascar y don Emilio ha logrado otra transfusión de urgencia. Son necesarias más. No salen gratis, pero cuando el presupuesto no da para fugarse al Mesozoico hay que recurrir al futuro, un horizonte casi lejano. Los logros nos parecen más fáciles cuando los consigue otro.

La Cultural Leonesa no vive en el pasado, pero como lo tiene ha recurrido a él para captar socios. Bajo el lema «Somos León, somos legión» ha presentado un anuncio en el que aparecen los jugadores vestidos de legionarios romanos. En esta tierra, a poco que escarbes irrumpe una buena idea. Y sin lombrices. Bueno, vale, casi siempre.

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