Diario de León
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CARLOS CARNICERO
León

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La realidad empieza a erosionar la fortaleza aparente de Artur Mas. Las cuentas no salen, con unos fondos de ayuda del estado español de más de cincuenta mil millones de euros. Con una administración pública en bancarrota. Y hasta ahora ha podido encubrir sus recortes y su quiebra económica con un discurso emocional sobre la ensoñación de una Cataluña independiente. Pero los sueños, cuando se eternizan sin resultados, terminan por constituirse en pesadillas. Josep Antoni Duran y Lleida, líder de Unió Democrática de Catalunya ya se ha descolgado del maximalismo del líder de Convergencia Democrática de Catalunya. Y los avisos explícitos de la UE de que la eventualidad de una Cataluña independiente dejaría al nuevo estado fuera de la UE, han puesto la carne de gallina a la clase empresarial catalana. Jugar a la independencia solo es un deporte sin riesgo cuando se hace con la boca pequeña. Cuando se saca la calculadora, la realidad desploma los sueños.

La alternativa que se le plantea al presidente de la Generalitat es negociar con el estado una consulta que sea legal sobre el «derecho a decidir» —termino apócrifo en la ciencia política— o adelantar unas elecciones de carácter plebiscitario. La primera opción es ahora mismo metafísicamente imposible. El PP y el PSOE no van a arriesgar un acuerdo sobre la consulta, en el caso de que se encontrara un resquicio legal para implementarla, porque el resto de los ciudadanos de España se les tiraría al cuello. Vistas así las cosas, la única salida es elecciones anticipadas.

El president ha revuelto mucho las aguas. Ha generado unas expectativas imposibles y este juego le ha sobrepasado. Las urnas le darán un varapalo sino encuentra una fórmula para recorrer una buena parte del camino andado. Las anteriores elecciones supusieron la pérdida de 12 escaños. El peligro de unas nuevas elecciones anticipadas radica en la posibilidad real de que ERC de un sorpasso a CiU y le conduzca a ser la segunda fuerza política del parlament y a perder el control de la situación catalana.

Creo que tenemos la obligación de ayudar a Artur Mas a encontrar camino de su retirada. Lo han explicado claramente desde Tzun TSun Tzu hasta Carl Philipp Gottlieb von Clausewitz, pasando por el mariscal Heinz Wilhelm Guderian. El enemigo que está vencido necesita una salida de sus enemigos para que su defensa no se convierta en numantina. Y la forma más inteligente de hacerlo es renunciar a la revancha que reclamarían sus errores.

Mas necesita tratamiento de hijo pródigo. Debemos hacerle un hueco en la política española, aún cuando no haya dinero para sacrificar un cordero en su retorno. El ala más dura de la derecha seguro que no está por la labor. Pero empiezo a creer que Rajoy, Rubalcaba y una buena parte de las fuerzas económicas españolas quieren ayudarle para que aterrice en la realidad.

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