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ALFONSO GARCÍA
León

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Hoy es Día de la Hispanidad, esa fiesta que tan gratamente recuerdo desde niño por el sentido de presencia y hermanamiento en el mundo. Indecisa ahora su hermosa sensación, el fortalecimiento de nuestra lengua se ha convertido en el mejor aval de nuestro estar creador y creativo en esta sociedad global. La lengua estrecha lazos, une en la riqueza de la diversidad y da alas de universalidad, por qué no, a los sentimientos y los sueños. La literatura hispánica es, en este sentido, una garantía indudable. En este proceso ha jugado un papel importante el Premio Planeta, sin ningún resquicio a la duda. No olvidemos que nació en 1952 —40.000 pesetas de dotación— con el deseo de promocionar a los autores españoles y de dar presencia a la lectura, tarea tan difícil como necesaria en aquella España chata y empobrecida en todos los sentidos.

Nunca ha de perderse de vista la perspectiva histórica para calibrar el alcance de cualquier proyecto.

El próximo martes el Palacio de Congresos de Cataluña, en Barcelona, será el escenario de la 62ª entrega del Premio Planeta. Día de Santa Teresa, onomástica de Mª Teresa Bosch, esposa del fundador del premio y la editorial, José Manuel Lara, ambos fallecidos en 2003. 10 novelas, de las 478 recibidas (tres llegan desde León) se someten a la estimación final. Ganador y finalista, además del metálico de 601.000 y 150.250 euros respectivamente, aseguran la lectura de varios miles de ciudadanos de ese mundo ancho que conforma la patria de la lengua. El jurado, que a lo largo de la historia del premio ha contado y cuenta con figuras notables de la literatura en lengua española, desvelará esa noche los nombres que se suman a una lista ya larga y prestigiosa. La historia sigue.

Al día siguiente los medios de comunicación de todo el mundo, especialmente del ámbito hispano, convertirán al Planeta en noticia. Y es que se trata de un acontecimiento literario y social de notable interés.

En el primer caso, miles de reportajes, noticias, entrevistas, análisis… lo testifican. En el segundo, porque se ha convertido en un inevitable punto de encuentro. No pocos informadores de la Cultura, por ejemplo, aprovechan la ocasión para el intercambio de opiniones, pareceres y proyectos.

Recuerdo la crónica social, floreada y curiosa, que escribía Manuel de la Fuente, el periodista leonés que se inició en estas páginas pero llevó a cabo prácticamente toda su trayectoria profesional en Faro de Vigo . Algún día volveré sobre su figura.

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Lo dicho. Estén atentos. La noticia de una lectura que recorrerá miles de rincones e intereses está a punto de producirse. Un año más. Es gozoso saber que está empezando.