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Vicente Valero. león
León

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Maltrato y segregación

Soy una persona con diversidad funcional (discapacidad) severa que preciso apoyos constantes para realizar las actividades básicas de la vida diaria, incluso un respirador más de 12 horas al día, y me desplazo en silla de ruedas manual que empuja la persona que me acompaña.

Repetidamente me he manifestado en que son los periodistas quienes mantienen la luz en un lugar donde la desproporción de medios, entre los poderes públicos y fácticos y la ciudadanía, es abismal. La noticia de que un juzgado de León ha condenado a un profesor por agresión a un menor de once con autismo pone de manifiesto que la realidad que padecen los padres de menores con diversidad funcional física, intelectual, mental o sensorial es muy distinta a aquella que pudiera indicar el que viajen a la ONU las máximas autoridades españolas a recoger premios internacionales por su labor en la integración de las personas con discapacidad. En el caso del agresor continuó dando clases hasta el juicio, ningún partido cuestionó el que fuera alcalde. He leído que lo han expulsado de su partido y que el otro partido pedía el infierno, al tiempo que aludía a los derechos humanos y tal y tal.

Leo también que unos padres se enfrentan a un juicio por abandono de un menor porque llevan tres años sin llevarlo al cole y no lo llevan porque su hijo fue agredido (ratificado en sentencia) en un centro ordinario al que había ido toda la vida y, según mi punto de vista, para que no volviera a pasar se desterró al niño a un centro segregador (que ponposamente llaman de educación especial, donde lo especial es que todos los alumnos tienen necesidades de apoyos y quedan fuera de la vista de la sociedad).

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Nada justifica que un docente maltrate a un menor con diversidad funcional, nada. Pero habrá que reflexionar sobre la responsabilidad de quienes debiendo poner a disposición del profesorado recursos y apoyos para atender a ese menor en igualdad de oportunidades con el resto de los alumnos, no los ponen. Pero sí que se van a la otra punta del mundo para sacar pecho y que les pongan la medalla de adalides del apoyo a casos para su integración social. Si hay inclusión desde la primera etapa, la educativa, no se produce segregación y por tanto nos ahorraríamos el coste de integrar a quienes se segrega previamente.