Diario de León

Publicado por
José Luis Gavilanes Laso escritor
León

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AA punto de espirar el 2013 llevándose consigo unos cuantos centenarios, quiero resaltar entre ellos el del nacimiento de José Vela Zanetti (1913-1999). Me interesa exhumar una faceta del célebre pintor y muralista burgalés muy poco conocida, la que tuvo como crítico cinematográfico en la revista del Ateneo Obrero de León.

Heredero de la corriente ilustrada, reformista y regeneracionista, los Ateneos suponían una vertiente cultural y dinamizadora de la vida social. El Ateneo Obrero de León se instaló frente al pórtico de la Gloria de la catedral, con el propósito de ser una institución independiente y abarcar amplio y abierto campo cultural. Allí convivieron en armonía socialistas y republicanos, liberales y anarquistas, católicos y comunistas. Que pertenecer a una u otra ideología, modo de pensar o afiliación política determinada no puede ser causa excluyente, ni tampoco garantía de personas buenas y honradas. Bajo la aportación de una cuota moderada de inscripción, ofrecíanse a los trabajadores socios del Ateneo clases nocturnas gratuitas de Taquigrafía, Mecanografía, Cultura general, Francés, Solfeo, Dibujo, Filosofía, Cálculo mercantil y Lenguaje. Se promovieron conferencias, coloquios y debates sobre Arte, Sociología, Política, Geografía, etc., a cargo de profesores y hombres públicos de distintas tendencias, como Gordón Ordás, José Eguiagaray Pallarés, Mariano Domínguez Berruela, Francisco Roa de la Vega, Francisco Pérez Herrero, Hipólito Romero Flores (que fue su último presidente), etc. Llegó a contar con una biblioteca de más de un millar de títulos, agrupamiento musical de cuerda, grupo de teatro y una revista mensual. A juicio de Victoriano Crémer, secretario general de la institución y director de la revista, aquel Ateneillo levantado a pulso por un grupo de obreros anónimos e insignificantes no logró ser superado nunca por ninguna otra asociación cultural en territorio leonés. Pero en los aledaños de la Guerra Civil, el Ateneo Obrero estaba amenazado por dos peligros de muerte: uno por ser Ateneo y otro por ser Obrero. El progresismo ateneista chocaba con la clase dominante, rancia y conservadora de «cerrado y sacristía»; en tanto que el obrerismo apuntaba a revolución y conflicto social. Por todo ello, el Ateneo Obrero de León acabó sacrificado en la hoguera ante la mirada inquisidora y triunfalista de los mediocres.

Del total de 19 números de la Revista del Ateneo Obrero que se editaron desde finales de 1933 hasta junio de 1936, en el número 11 (octubre de 1935) se informa que Vela Zanetti colaboró en la apertura del curso 1935-1936 con el tema El arte popular en la masa . Expuso ampliamente el modo de crear actitudes artísticas, así como la influencia que el cine puede tener en la conciencia de las almas, sean estas de adultos o pertenezcan a los niños. Concluyendo que en arte no debe haber ni arte burgués ni arte proletario, sino arte para la masa. En el mismo número, bajo el seudónimo de Fortunato de la Cal, Zanetti muestra la propedéutica pedagógica de lo que debe ser el cine: «El cinema es un espectáculo, pero no impide que eduque y distraiga a la vez. Pero no somos ilusos; estamos seguros que los dueños de las marcas no son unos filántropos; producen cine para ganar dinero, como el labrador trabaja para comer. El día que el Estado controle las producciones y no tolere que salgan películas que lejos de representar el espíritu de una raza, lo ridiculizan, ese día tendremos cine para todos». En el número 12, también bajo el mismo seudónimo, Vela Zanetti se autocalifica como «maniático del cinema» y lanza una serie de apuntes de los que entresaco: «Una pregunta, señores directores españoles: ¿Vds.viajan por España? ¿Por qué en vez de tomar un primera a París no sacan un tercera por una vía de Castilla?» En el número siguiente, también enmascarado, Vela Zanetti elogia la película La Bandera , de Duvivier, como una de las películas más humanas. En La cabeza de un hombre , este director francés ya había conseguido superar a su compatriota y genial creador de ¡Viva la libertad! , René Claire. La Bandera tiene por tema la vida del tercio español, refugio de delitos, fracasos y miserias, y por escenario las tierras calcinadas de Marruecos, donde otros actores más trágicos realizaron una de las más tristes páginas de nuestra historia (…) Cuando el capitán del tercio arenga a la compañía para defender la Patria, un legionario dice a otro: «Es mentira, no vamos a morir por la Patria, vamos a morir por un contrato que hicimos por cuatro años para ganar cinco pesetas diarias». Los patriotas españoles que ruedan películas pandereteras, han perdido una ocasión de hacer, una vez más, algo bueno, cantando lo «nuestro», como ellos dicen que hacen en sus cintas». Pasa Vela Zanetti a dar con ironía y ecos machadianos dos recetas para hacer películas españolas:

«1.ª receta. Tómese un cantaor de flamenco, más su novia y añádase a ésta un hijo tempranillo, más una gitana, un señorito, un chulo de indefensas (como la novia del flamenco), un viejo verde asqueroso y unas pastillas de sublimado (esto es lo más importante), agítese antes de tomarlo y vacíese en el frasco de la prensa y críticos de cine y tendrán ustedes la cinta nacional que llena los cinemas de España, titulada La hija de Juan Simón ».

«2.ª receta. Tómese el cortijo de un marqués en Andalucía y métase una pareja de niñas, una de ellas de padres desconocidos y recogida por caridad en el quicio de una puerta, añádase un prado con muchos toros, un caballo y un hombre que es novio de la huérfana forzosa y que canta fandanguillos, añádase una borrachera de manzanilla, un torero, una cornada y una puñalada, y bien agitados tendremos la cinta nacional, gloria de España, donde los hombres se muestran con sus pasiones, la gran película titulada Rosario la Cortijera ».

Esto escribió un tal José Vela Zanetti. Tenía entonces sólo veintiún años de edad, pero mucha clarividencia. Vendrían inmediatamente tres años de guerra fratricida, y el cine español continuaría con la dictadura subsiguiente tomando los mismos medicamentos y unos cuantos años más sujeto a la misma prescripción facultativa.

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