Diario de León
Publicado por
javier tomé
León

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Puesto que los pensamientos no pagan impuestos, al menos por el momento, uno no puede por menos que hacer hipotéticas comparaciones entre los primates que nos gobiernan, dicho sea con todo respeto hacia la monería bípeda, y el presidente Kennedy, de cuya muerte se cumple el 50 aniversario. Con motivo de la efemérides, se han multiplicado en televisión los documentales inspirados en quien fuera máximo icono global de aquella década prodigiosa que llevaría hasta las últimas consecuencias la ilusión suprema de crear un mundo más próspero, libre y civilizado. Aunque se pueden censurar muchas facetas de su personalidad, nadie discute la talla de estadista que mostró durante su breve mandato el líder del occidente democrático. Entre sus méritos se incluye un pacto con otro titán de la política como el soviético Kruschvev que evitó el holocausto nuclear, o la consolidación de las libertades cívicas para las gentes de color, y todo ello adornado por un deslumbrante halo de glamour. Su magnicidio en Dallas, nunca aclarado del todo, hizo que la sociedad americana perdiera para siempre su inocencia.

¡Qué diferencia con los politiquillos actuales, a los que considero un misterio evolutivo! Convertidos en una máquina de embaucar especializada en el fundamentalismo de la tijera y los recortes, lo cierto es que legislan a partir de tertulias que semejan un OK Corral de gritos y provocaciones. A base de promesas incumplidas nos han ido quebrando el ánimo y la entereza, justo lo contrario de lo realizado por Kennedy. Recordaban su discurso inaugural, cuando dijo aquello de que «no preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país». Y luego está su fama de atleta sexual. La verdad es que no me imagino a don Mariano, a pesar de esa cara de ligoncete que Dios le ha dado, camelándose a la Marilyn.

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