Diario de León

LA 5.ª ESQUINA

Se hace camino al andar

Publicado por
JESÚS Á. COUREL
León

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El Camino de Santiago cumplió ayer 20 años de su declaración como Patrimonio de la Humanidad por Unesco. Entre todos sus méritos, destaca la peregrinación jacobea (aunque no lo diga el organismo internacional), por ser como la vida misma: una lucha diaria de superación, con infinidad de obstáculos que vencer. Para los folletos turísticos, el camino es un crisol de culturas, un punto de encuentro de valores humanos y espirituales, el primer itinerario que abre las fronteras de Europa, etc., etc., sin olvidar que a lo largo de los siglos (incluso en la actualidad), fue lucrativo negocio donde confluyen muchos y variados intereses de reyes, clérigos y burgueses, que también figuran en los renglones de la historia, incluyendo el peaje de un puente «cerrado» que dio nombre a Ponferrada.

Dicen los científicos que hay un «antimundo», igual que el nuestro, pero hecho de antimateria. La dualidad es asunto extendido, incluyendo la que nos empuja a perseguir el bien, como a pagar indulgencias cuando no llegamos a conseguirlo; asunto éste que molestaba mucho a Lutero, enemigo de los atajos para obtener la salvación eterna, lo que le ocasionó graves disgustos con Roma, excomunión incluida.

Muchos fueron los peregrinos a Compostela, desde mediados del siglo IX, tras el descubrimiento de los posibles restos del apóstol Santiago, cerca de Iria Flavia. Por allí pasaron desde los Reyes Católicos a Francisco de Asís o Sirley Maclaine; incluso fue Almanzor, aunque para saquear la ciudad y robar las campanas del templo, que devolvió Fernando III en la misma centuria en la que el Vaticano inventaba el purgatorio, para los que no dejaban de enredar entre el bien y el mal. El año que viene celebraremos el VIII Centenario de la peregrinación de Francisco de Asís, pero la del famoso santo, no confundir con el marido de Isabel II que sólo era fiel a su novio, así como a conspirar y al marujeo, por lo que la reina le llamaba cariñosamente «Paquita».

El éxito de las peregrinaciones —en particular la de Santiago por su extensión y riqueza cultural—, es la de propiciar las relaciones entre seres humanos y de éstos con la naturaleza y la cultura. Son miles de personas las que pasan por nuestros pueblos y ciudades todos los años, sufriendo algunas desventuras por nuestra falta de atención. Dirá Machado que el camino se hace al andar y en ese discurrir la experiencia de los demás es fundamental para el aprendizaje. Hacen falta lugares de encuentro entre peregrinos y residentes, porque esa es la virtud de los caminos a lo largo de los siglos: reciprocidad. Aunque algunos no aprenden, ni viajando... «Había que hacer algo».

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