TRIBUNA
Firmar o no firmar, he ahí el dilema

Hasta ahora han sido sólo escaramuzas. Llegó el momento decisivo de la batalla campal entre las Plataformas de los titulares de participaciones preferentes y obligaciones subordinadas, y la Liga formada por Banco Ceiss (antes Caja España y Caja Duero), Unicaja y FROB, siglas, estas últimas, que amparan, más claramente «dinero público de salvación bancaria». Hagamos un sucinto repaso de las hostilidades
En primer lugar, allá por el mes de mayo pasado, los dineros de participaciones preferentes y obligaciones subordinadas, con los nombres y apellidos de sus titulares, se transformaron forzosamente a instancias del FROB —como si se tratase de arte de prestidigitación, natural fatalidad o simples números de un campo de concentración— en bonos ES+diez dígitos, rebajando el nominal entre un 10% y un 70% y sin fecha de liberación. Nada se decía explícitamente a los afectados de la causa de esta deportación devaluada de su dinero en bonos, ni de los responsables de la misma. Al parecer, la decisión venía impuesta por Bruselas, prestamista del dinero para salvar (rescatar) la difícil situación del Banco Ceiss.
A últimos del mes pasado, los afectados fueron citados por respectivos «capos» asignados a los pabellones de reclusión de sus bonos, para informarles de una salida de los mismos mediante un «mecanismo de revisión» previo a optar por su «canje» en nuevos bonos perpetuos, más otros convertibles en acciones de Unicaja a distintas y alejadas fechas. El mecanismo de revisión, a cargo de un Experto Imparcial (Oliver Wyman), decidirá si el perfil del titular responde a un «ahorrador» o a un «inversor», argucia para mejor o peor trato en la recuperación del nominal. Pero, vamos a ver señores de la Liga, ¿los verdaderos inversores no se han ido al paraíso suizo, llanito o caimán, y no al purgatorio de las preferentes o deuda subordinada? Digan la verdad o callen para siempre. Esta estúpida división de los que sólo son minoristas lo es realmente conforme haya de apoquinar más dinero público que sumar a los ya más de 600 millones de euros aportados por el FROB para salvar a Banco Ceiss y, en consecuencia, la necesidad de más recortes sociales y emisión de deuda pública.
A la vista de las condiciones que se imponen, tanto el mecanismo de revisión como la oferta del canje no merecen otra consideración, en el mejor de los casos, que notificación farragosa e incierta. Farragosa, por prolija, retorcida y laberíntica para ser comprendida, seguida y sopesada en sus ventajas e inconvenientes por un simple minorista, a través de la cual es imposible saber sin ayuda de expertos —y ni aún así— lo más aconsejable para cada caso. Incierta por basarse en hipótesis sobre la cotización de las acciones de Unicaja en el momento del canje, a expensas de brutal movimiento especulativo —los impositores minoristas también tenemos derecho a hacer conjeturas—, como ocurrió en el caso precedente de Bankia. El FROB ya no informa, presiona abiertamente a optar por la vía del canje como más aconsejable que acudir a la vía judicial, a la que el titular habrá de renunciar si lo acepta. Se omite añadir, que, si bien, el canje puede resultar opción más rápida y menos costosa que acudir a los tribunales (tasas, poder notarial, minuta, costas), los es sin garantía de ser más ventajosa e inmediata a la hora de recuperar el dinero. La súplica del canje en ¡venga, por Dios, a firmar!, se le ve en los ojos al empleado que te informa «imparcialmente», porque se juega su cocido según el afectado opte antes del 20 de este mes por el canje o por el juez; y puede conllevar el cierre y liquidación del Banco Ceiss, estrechamente vigilado por los hombres de negro.
En vez de la enrevesada oferta que propone la Liga, ¿no sería mejor optar, para resolver definitivamente el conflicto, que restar del nominal depositado los intereses devengados y sumar el importe proveniente de aplicar un depósito a plazo fijo con interés legal durante el mismo período, y con liquidez inmediata, como ha hecho Bankia en la mayoría de sus casos y lo reflejan las sentencias judiciales ya falladas? ¿Cuál es la razón de rechazar esta contraoferta, incluso en los casos más sangrantes, cuando concurren graves incapacidades económicas, físicas, psíquicas o sensoriales por parte de los titulares afectados? La única explicación es que se trata de un nuevo engaño en el proceder de todo para el cliente, pero, en cuanto a su dinero, como Juan Palomo, nosotros se lo guisamos y nos lo comemos. No piense, que ya la Liga piensa por usted.
Y, entre tanto, ¿qué han hecho y hacen los poderes públicos estatales, autonómicos, provinciales y locales? Nada. Silencio absoluto. Ni siquiera el señor Gallardón, responsable de Justicia, ha movido su gallardo dedo para meter entre los exentos a pagar las tasas judiciales a preferentistas y subordinados abocados a seguir la senda de los jueces, para evitar ser asaltados de nuevo. Da que pensar en una connivencia de los gobernantes, dispuestos a cambiar la Constitución por exigencia del exterior, pero inmóviles en actuar de oficio en el interior contra los gestores de una Caja que, estando ya en serios problemas de liquidez por ínfima gestión, fue saqueada sin piedad por sus directivos con sustanciosas prejubilaciones e irrecuperables créditos. Obligados a devolver las sumas percibidas, se resolverían muchos casos de este holocausto financiero que, junto al caso Bárcenas, Gürtel, Eres de Andalucía, Urdangarín, etc., han rebajado el prestigio de España a la altura de las cloacas. El fracaso de Madrid en la candidatura a la Olimpiada del 2020 es un buen ejemplo de nuestra fiabilidad. De actuar de oficio, se conseguiría, además, poner lo legal a la altura de lo ético, que falta hace. Decántese al respecto también el rey; decántese el príncipe, la reina, las infantas, decántese también la Iglesia, no estén sólo para las condolencias y los asuntos espirituales, como hacen con otros asuntos temporales.
Dada la vista gorda de los gobernantes y la parcialidad encubierta de las autoridades monetarias, sin la valentía de los afectados y la imparcialidad y humanidad de los jueces, no sólo será muy difícil recobrar el prestigio perdido, sino que lo peor, todo lo peor, en justa correspondencia, estará permitido.