AQUÍ TE ESPERO
Al que le toca...
Le toca. Y como en cualquier lotería, el gordo sólo es para uno, aunque jueguen miles. Viene esto a cuento de que el pasado viernes un hostelero de la capital pagó al Ayuntamiento 375 euros de multa por haber colocado un cartel en una farola y el tema trascendió porque un personaje de la farándula vino a custodiarle la carretilla con la que acudió a pagar en céntimos la multa. No es nada nuevo, ya en tiempos de la oprobiosa (que dicen algunos), el difunto Álvaro de la Iglesia pagó en monedas de peseta una sanción de varios cientos de miles que la censura había impuesto a «La revista más audaz para el lector más inteligente», como todo el mundo conocía a la publicación del ingenioso escritor.
Pero volviendo con la multa, no entiendo cómo el Ayuntamiento sigue precisando de nuevas fuentes de ingresos cuando tiene sin explotar una que le podría solucionar bastantes agujeros, y que no es otra que cobrar a los desaprensivos que ensucian el mobiliario urbano con carteles o pintadas, igual que el caso que nos ocupa, pero con pedrea para todos. Está tan sucia la ciudad que a 375 euros por cartel Poridad se haría de oro y no sería necesario sangrar más a los contribuyentes, incluso con ese dinero las calles podrían estar más iluminadas (un joven visitante preguntaba el otro día si había muchos atropellos en León, teniendo en cuenta lo poco que se veía) y, por supuesto, las calles estarían mucho más limpias. Claro que habría que dar ejemplo y en muchas ocasiones se encuentran carteles en los lugares más insospechados y resulta que los actos que anuncian están patrocinados por organismos públicos o instituciones que, además de aportar dinero al acto deberían de preocuparse un poco más de que su imagen no se empañe porque los carteles se coloquen en lugares que no deberían.
Normalmente esos carteles anunciadores siempre se han colocado con la colaboración del comercio y la hostelería en puertas o ventanas de bares y comercios, sin poner ningún problema a su colocación, pero en los últimos tiempos proliferan tanto los anuncios de todo tipo que cada cual lo coloca donde considera que se ve más, sin importarle si daña el mobiliario o el patrimonio, y eso no debe permitirse.
Me parece bien que se le ponga una multa a ese hostelero, pero no sólo a él, porque no es el único que ensucia la ciudad. Así que un poco más de celo municipal en estas multas, que darán para mucho en el 2014, que deseo feliz a todos.