Diario de León
Álvaro Caballero
León

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León dejó de creer en los Reyes Magos hace años y ahora no le queda casi ni carbón. Ni a quién enviar las cartas una vez que se han acabado los buzones en los que abandonar los deseos, los gobiernos a los que confiar los proyectos de desarrollo, los partidos a los que apostar el futuro de los hijos, los políticos a los que votar para que medraran junto a sus amigos y hasta los empresarios de 20 días de indemnización por cada año de vida entregado. Un escenario en el que pedir a Sus Majestades que no nos quiten más y si pueden...

Que la Sanidad pública no se limite a un balance de resultados en el que le salga rentable a los gestores serviles no sustituir médicos, no abrir plantas del hospital y llenar las salas de espera de pacientes durante meses; que la escuela no se convierta en un negocio de empobrecimiento cultural y la universidad en un filtro para definir castas sociales; que Caja España-Duero y Unicaja no engañen más a los preferentistas, ni vendan a los ahorradores históricos; que los servicios sociales no devengan en beneficencia; que los jóvenes no tengan que marcharse a la fuerza, pese a que Alfredo Prada diga sin vergüenza que tienen vocación de retorno; que el AVE no se quede en Valladolid, como los vecinos que pierde León; que la integración de Feve no la monopolicen las mentes estrechas; que el aeropuerto sirva para atraer dinero y no para que se lo lleven los listos; que Soria no entierre las cuencas mineras; que el Gobierno deje en paz a los hombres buenos de las juntas vecinales; que la Junta no ordene el territorio y nos obligue a acantonarnos; que la Diputación se acuerde de que se creó para servir a los pueblos y no para pedir criada; que el Ayuntamiento no mezca la cuna del parlamentarismo para que arrulle a los de siempre y arrolle a los tontos.

Que el PP se entere de que es de León; que el PSOE no sea una merienda de mediocres; que no haya PAC para los malvados que no la labran, ni la ordeñan, ni la pastan; que los paisanos no se avergüencen del surco que les marca la boina; que los señoritos tengan que limpiarse la boñiga de los mocasines cuando hacen turismo rural donde antes iban al pueblo... Que vuelva a ser León. Solo.

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