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PEDRO TRAPIELLO
León

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Tengo un amigo que no es de aquí, pero lleva en esta ciudad más de treinta años y está doctorado en Cazurrología por las universidades de Azadinos y La Babilonia-Vegazana (es decir, trabaja en este nuestro campus dei )... y siempre anda admirándose de la infinita tranquilidad y solemne jeta con que circulan o se pasean por estas calles gentes públicas o importantes que la mangaron parda o hicieron algo reprobable, mal gobierno, una estafa, algo vergonzante... (la lista de delitos públicos es inacabable; añada aquí el lector los que le vengan al caso y las caras conocidas que le sugieran).

Lo que le admira al amigo no es que esa gente se deje ver por plazas, actos o establecimientos como si tal cosa (y aquí pasó nada) estando en su derecho o en sus pelotas, sino que nadie les dé el alto o una voz alguna vez... o les interpele cabalmente... o les maldiga... o les afee tal o cual cosa... o directamente les insulte, que es el único derecho que tienen los de grada, que además son los que pagan este circo... por no mentar el guantazo o un soplamocos que alguno parece ir pidiendo desde su marrón y altanería.

Mi amigo creyó al principio que los leoneses éramos muy civilizados, cínicamente respetuosos, como con flema, gente educada, pero no tardó en averiguar que si no hacíamos nada en estos casos, que si estábamos siempre tras la sebe y nunca aparecía un valiente diciendo las cosas a la cara, es porque nadie parece tener siquiera la mitad de los cojones y cara dura que exhibe el altanero que delinquió, el jetón... ¡cuánto jetón en León... y jetona paritaria!, ellos tiesos como farias y ellas metiendo al bolsón (de Higgs).

Pero lo que no decís a la cara, concluyó el amigo, os lo arramáis en el bar como las potas en la lumbre, muy valientes vosotros, ahí mucho, donde entráis diciendo, por ejemplo, «me acabo de cruzar con el cabrón de Morano y le he dicho dos cosas» (y ciertamente fueron dos: muy y buenas )... así sois... insultáis a la espalda... o como te comentó una vez el obispo Villaplana, según me dijiste, « los leoneses mordéis con la boca cerrada ».

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Sócrates, dile algo, dije... y dijo: pues en Soria o en Jaén, lo mismo.