Diario de León
Publicado por
EMILIO GANCEDO
León

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Está de moda no pagarle a nadie, y es un uso creciente que se ejercita con impunidad, con liberalismo, con un cierto júbilo incluso. A veces parece atisbarse una especie de alborozo serio y contenido en esos desacatos encorbatados, en esas insumisiones de burgomaestre, pues son signo de altura en estos rarísimos tiempos: sólo aquel que se atreve a no pagar sus deudas y sus acuerdos esbozando risita de víbora puede saberse llamado a compartir la mesa de las grandes empresas y de las instituciones estatales, esos solemnes morosos. No pagar da caché y concede buenos amigos y aliados entre los nombres potentes, los que realmente merecen la pena, permitiéndonos sonreír de colmillo como ellos, echar pestes de la crisis brindando con champán, como ellos, y estrangular, interrumpir o cuentagotear los sueldos como ellos al tiempo que uno pisa, rumboso, el acelerador del cochazo.

Así es, amigos, no se está pagando a nadie, y no se está pagando de una forma magnánima, como si fuera un extravagante privilegio medieval, una primicia de los nuevos valores que ya se vislumbran en el horizonte, leyes de chacal al lado de las cuales el Código de Hammurabi suena a la Declaración de los Derechos del Hombre. Se considera de un terrible mal gusto pagar nada y ahora mismo en las grandes ciudades la gente con aspiraciones lo está dejando todo a deber. Sólo pagan aquellos que apenas puede pagar. El asalariado, el autónomo y el parado consiguen sus merluzas y sus yogures y sus licencias para no acabar en la cárcel —cosas mundanas, propias del vulgo—, aportando monedas y billetes. Pero el hombre grande no, ¡no! Ese ha encontrado una nueva y más elevada forma de vida, extrayendo del miedo, de la necesidad, de la conformidad, de la ignorancia o de la bondad natural de aquellos que malcontrata, el sustento para sus insensatas correrías.

Pagar se ha convertido en cosa de pobres. El pobre paga en contante y sonante mientras el rico se dedica a enjuagues y trasvases de mil nubarrones gaseosos. El sistema monetario ha sido abandonado. Bienvenidos al imperio de los jetas hábiles llevados en andas por inmensos ejércitos de sufridos pagadores.

A ver cuánto les dura.

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