EL BAILE DEL AHORCADO
don Cuaresma
Es este un país de disfraces. Así que ¿para qué dedicar un día al año a Carnaval? ¿Para qué celebrar el disimulo en un país que no sabe vivir de otra manera? Aquí todo el mundo trata de ser lo que no es, nada raro si se tiene en cuenta que estamos en el país de la envidia, que no es otra cosa que desprecio ante la propia vida. Ensayamos de manera metódica el papel en el que nos gustaría encarnarnos, sin pensar que suele ocurrirle lo mismo a quien tenemos enfrente, y España va, una gran mascarada movida por intereses y simulaciones, una gran mentira que gira alrededor del ‘dime de qué presumes y te diré de qué careces’. Menos mal que ayer enterramos a la sardina y todo volverá a ser igual, igual que antes de vestirnos de lo que realmente somos, tramoyas tras las que don Carnal se esconde.
Supongo que por eso el martes se cesó a la Dignidad. La dignidad tenía su castillo en Ponferrada, pero llegó don Cuaresma y mandó parar. Ya se sabe que don Cuaresma es muy suyo, tan rancio y sumiso, tan huraño y esclavo del dogma, tanto que sus razones tienen razones que la razón no entiende. Al menos, no aquí. No entendía don Cuaresma el ánimo generoso de Dignidad, ah... la soberbia cuando se disfraza de pureza... Ganó, como siempre, Cuaresma, si bien en esta ocasión pareciera que Dignidad se hubiera hecho el harakiri, último recurso en un mundo en el que la traición cotiza y la prima de riesgo baja al mismo tiempo que se consolida la corrupción.
No hay nada más que decir. Ya saben lo que sigue, que el baile se terminó apenas la orquesta comenzó a tocar, y la vida, en toda la zona... fundido a negro. Pero el balance se hace al final y dios suele apartar de su lado a todos los que se cuelgan el hábito de Cuaresma. La fuerza de las cosas es que lo único inmutable es el cambio.
No sé si recuerdan esa anécdota que cuentan de Franco. Estaba ese día en una de sus audiencias en el Pardo y llegó un ministro al que el dictador acababa de enviar una carta motorizada. Don Cuaresma se sentía menos à l’aise que normalmente y se acercó a don Paco para hacerle saber que ‘ha tenido que haber alguna equivocación. Fíjese caudillo que me ha llegado la carta de cese’. «Desengáñese don Cuaresma —le contestó— Vienen por nosotros»...