EL CORRO
Antes maná y ahora madrastra
Todos los analistas políticos coinciden en que las elecciones del 25 de mayo son las más importantes de cuantas se han celebrado en España desde nuestra adhesión a la Unión Europea. De su resultado depende la orientación de unas políticas que marcan la pauta a seguir a los países miembros, que a estas alturas de la crisis, tienen absolutamente limitada su soberanía económica.
Si a ello se añade la lectura en clave interna de estos comicios, que permiten comprobar en las urnas la evolución del voto ciudadano desde la llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa, sobre el papel deberíamos asistir a unas elecciones tan participativas o más que unas generales, autonómicas o municipales. Sin embargo, a tenor de las encuestas que vienen publicándose, el ciudadano contempla esta convocatoria tan desmotivado como siempre, como si en ella no se decidiera prácticamente nada. La única explicación a esa preocupante indiferencia habría que situarla en el alarmante desafecto a la clase política que reflejan, uno tras otro, los distintos sondeos del Centro de Investigaciones Sociológicas.
También es cierto que la crisis ha empañado la visión casi idílica que los españoles teníamos de la Unión Europea. Acostumbrados a un incesante maná de fondos, llegamos a pensar que allí se ataban los perros con longaniza. De ahí, sin apenas transición, hemos pasado a ver en Europa una antipática madrastra que desde aquel mayo de 2010 nos tiene a raya sin permitirnos la menor alegría. Faltó pedagogía antes y ha faltado pedagogía después.
Aunque nos guste menos que antes, y en muchas cosas nada, lo cierto es que la realidad europea es insoslayable y, frente a su sesgo monetarista y neoliberal, el único cauce ciudadano para recuperar su carácter social y participativo es fortalecer el Parlamento Europeo frente al Consejo, la Comisión, el Eurogrupo, la troika y demás instrumentos no elegidos directamente que nos imponen sus políticas sin consultarnos absolutamente nada.
Luego está esa lectura interna, que en realidad es la que preocupa a los partidos españoles, que se han tomado estas europeas como unas primarias de la triple convocatoria electoral de 2015. Y de ahí que unos y otros vayan a poner toda la carne en el asador. El PP tratando de minimizar el desgaste que le auguran las encuestas y en todo caso seguir siendo la fuerza mas votada. El PSOE suspirando por una victoria que, aun siendo pírrica, daría alas a un Rubalcaba que no ha dicho aún su última palabra. IU y UPyD confiando en confirmar su avance a costa de los dos grandes. Y la pléyade de fuerzas emergentes intentando colarse en el mapa político.
Dado el hartazgo ciudadano, se hace más necesaria que nunca una campaña basada en el debate y la pedagogía. Pero eso es tanto como pedir peras al olmo.