LA LIEBRE
¿Qué ye, ho?
Quién nos iba a decir que tendríamos que refugiarnos todos en el Musac. El búnker en el que una de las artistas ha entendido, tras un concienzudo análisis sociológico y político, que lo que hace falta en esta tierra es una habitación para gritar. Entras, gritas y al salir tienes una taza de té. Como el cigarrín de después del sexo, pero con más probabilidades, que está comprobado que en León aguantamos más sin follar que follando y jodidos que contentos.
La performance amenaza con vaciar las barras de los bares. Ese césped en el que el leonés se despacha a gusto, sube el tono, golpea sobre el mármol con la palma de la mano y, tras una pausa dramática, repasa el árbol genealógico de sus políticos hasta cuatro generaciones atrás para acordarse de ellos. Siempre hay un leonés que grita en un bar, por eso no triunfan aquí las teterías, pero a cambio surgen grupos como Esguince de frenillo. Luego, nos calzamos de un lingotazo lo que queda del Prieto picudo y quedamos sacramentados para ir para casa y salir a votar lo mismo cuando toque. Buenos somos para que nos vacilen.
Por eso entendemos a los políticos del PP que ahora levantan la voz por la mamarrachada de la estación de fondo de saco. La barbaridad que era imprescindible para quitar el paso a nivel del Crucero, prolongar Ordoño y asentar la molestia para que fuera imposible no soterrar. La terminal provisional que, hace más de cuatro años empezó convertir en definitiva Pepe Blanco —¿verdad, Tino Rodríguez?— cuando desvió 1.000 millones de euros para el AVE gallego y condenó a León a morir por inanición, mientras el PSOE leonés hacía la ola borracho de éxito. Los andenes que van más de dos años que ven los populares mientras hacen reverencias a la ministra de Fomento, quien les ha dicho esta semana que aquí no habrá nada más que calderilla y para Vigo guarda 600 millones. El grupo de poder formado por Silván —quien por detrás lleva de la mano a Fomento al alcalde de Valladolid para impulsar su integración—, Carrasco y Gutiérrez. El trío escandalizado por los retrasos de los trenes asturianos, aunque no por los recortes en León. Pidamos ya que nos anexione el Principado. Gritemos, Pelayo y cierra España. Y si no, un culín, que será el nuestro, para celebrar los recortes ferroviarios que vendrán.
¿Qué ye, que dudes, ho?