Diario de León

TRIBUNA

La Iglesia ante el 1.º de mayo

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Diócesis de Astorga
León

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Con motivo de la celebración del día internacional de los trabajadores y trabajadoras, los militantes de la Hermandad Obrera de la Acción Católica (Hoac) de la Diócesis de Astorga, a través de las páginas de este diario, hacemos pública la reflexión de este movimiento de Iglesia. Recordamos en este día a tantos trabajadores y trabajadoras que sufrieron, a lo largo de la historia y hoy en día continúan sufriendo, condiciones precarias e inseguras de trabajo, lo que les ha llevado a perder la salud e incluso la vida. Trabajadores explotados por la usura de grupos multinacionales o financieros, que especulan y no dudan en poner como centro de la actividad económica el beneficio y el dinero.

Denunciamos que el Mundo Obrero está sufriendo las consecuencias de una desigualdad cada vez mayor, entre países y dentro de cada país. El trabajo, convertido en un factor más de la producción y al servicio del capital, está dejando de ser un elemento esencial para que las personas y las familias puedan vivir con dignidad. Este es un escenario nefasto para el desarrollo de la vida de tantas personas. Según los datos de la EPA, en el primer trimestre del 2014 en España, nos encontramos con una escalofriante tasa de desempleo del 26% (5.896.300 de personas), que se incrementa al 56% si hablamos de jóvenes. Quienes hoy encuentran trabajo, casi en su totalidad, obtienen empleos precarios e inestables, con salarios que, a veces incluso, no permiten salir de la pobreza.

Denunciamos que el reciente Informe Foessa Precariedad y cohesión social, presentado por Cáritas y cínicamente cuestionado por el Gobierno, constata el empeoramiento de la situación laboral y social que se extiende a amplios sectores de la población.

En España la fractura social entre los más pobres y los más ricos se ha ensanchado un 45%. Cinco millones de personas se encuentran afectadas por situaciones de exclusión severa, un 82,6% más que en 2007, en su mayoría familias trabajadoras. Las diferencias son mucho más claras según la edad: los jóvenes menores de 29 años representan el 44% de las personas excluidas, y la exclusión social en la infancia se está convirtiendo en un problema de primer orden.

Denunciamos que las condiciones de vida que ofrece nuestra sociedad humillan a grandes cantidades de personas abocándolas al desempleo o a trabajos precarios permanentes y mal remunerados que no garantizan una vida digna.

Reconocemos que a pesar de esta situación, amigos, vecinos y familiares, voluntarios anónimos, movimientos y entidades sociales, organizaciones obreras, colectivos de Iglesia como Cáritas o Manos Unidas y otras muchas ONGs, están ofreciendo experiencias de apoyo mutuo, de resistencia pacífica, de alegría en el compartir lo que no sobra. Proponemos repensar la economía y la política desde el carácter humanizador que tiene el trabajo, y sabiendo que el empleo fijo y para toda la vida probablemente ya no volverá mientras perdure este voraz sistema económico

Proponemos trabajar por garantizar una renta básica para que todas las personas tengan los mínimos para vivir con dignidad, sin renunciar a la defensa de un trabajo digno. Debemos poner nuestra mirada en los que no pueden esperar, y no podemos conformarnos con que nuestro modelo de vida se caracterice por la precariedad vital.

Reivindicamos seguir luchando por la defensa y extensión de los derechos sociales y por la necesaria renovación y fortalecimiento del movimiento sindical. Es hora de seguir construyendo pequeñas alternativas en lo económico y en lo relacional, basadas en el incremento del compartir, a veces incluso lo que no sobra, a contracorriente y en contraposición de la cultura falsa e inhumana del «tener más para vivir mejor».

Ofrecemos la reflexión de la DSI (Doctrina Social de la Iglesia) para quien la persona debe ser y estar en el centro de la actividad económica, de la política, de las relaciones laborales y del trabajo. En la actualidad, la forma en que se está organizando el trabajo y la sociedad nos deshumaniza, nos impide el desarrollo personal, familiar, social y nos condena, a vivir para trabajar, dispuestos a aceptar cualquier condición laboral.

Animamos a seguir construyendo esa nueva sociedad de relaciones humanas, sociales, laborales, que sean camino de humanización, de fraternidad y vida de comunión.

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