León

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Algunos se han quedado sin su ocasión para acusar de inquisidor al concejal de Cultura, García Valadés. El Ayuntamiento no ha retirado de su sala de San Marcelo el cuadro instalación Ni puta, ni santa , en la que se mostraba a la Virgen en postura nada ortodoxa. No hay, pues, Torquemada municipal. Ni lo hubo. A mí me parece bien que se exponga, pero no porque prime por encima de cualquier otro criterio el derecho de la autora a mostrar en un espacio público cualquier obra suya, pues no lo tiene. Ni ella, ni nadie. Flaco favor ha hecho ella misma a su causa, sea ésta la que sea. ¿Debe rechazarse una obra porque su contenido pudiese ofender a un sector? Depende. Cada centro suele tener su clase de público. Por ello, toda gestión cultural ha de tener detrás un criterio previo, una línea coherente de selección. Se cometió una deslealtad con el Ayuntamiento, pues en las conversaciones iniciales se debe informar sobre los contenidos. No obstante, ahí está expuesta. Cae el telón de la efímera polémica.

Antaño a los burgueses se los asustaba con facilidad, eran de síncope fácil. Hoy es más fácil cruzarte en Ordoño con un juglar del medievo que con un leonés con bombín. Por ello, si eres irreverente has de serlo de tu tiempo. El escándalo actual lo provocan la pobreza, el abuso de poder, el cinismo del impune... ante los que la Iglesia no está permaneciendo callada. Lo indecente hoy no es besarse en la rúa, sino no hacer nada por los demás. Si abundan las burlas al catolicismo, ¿dónde está el riesgo? Pasolini, ateo y comunista, dedicó su Evangelio según San Mateo al «recuerdo querido, alegre y familiar de Juan XXIII».

Ni puta, ni santa se puede ver tal cual. La autora ha declarado que no pretendía crear polémica ni ofender, sólo propiciar un debate sobre la mujer. ¿Todos contentos? El respeto es carretera de dos direcciones, o debería. Hubiese bastado con informar con claridad sobre los contenidos, cuando el responsable debe decidir si se adecuan a la sala. No hubo Torquemada ni potro de torturas, sino un debate legítimo sobre criterios de gestión. En fin, quién sabe, San Pablo empezó persiguiendo cristianos. Mientras, alguien ríe en su oscuridad al sabernos distraídos con lo anecdótico.

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