Diario de León
Publicado por
alfonso garcía
León

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Amable Arias (Bembibre, 1927-San Sebastián, 1984) fue un magnífico artista, cada día más conocido, cada día más valorado como consecuencia. Con algunas incursiones de carácter reflexivo en la poesía, su labor como pintor es la que más atrae la atención, sin duda por su carácter innovador y por ser, en buena medida, eso que llaman un adelantado del tiempo. Repasar su biografía y contemplar su obra confirma con claridad la afirmación. Tengo delante el espléndido catálogo de la exposición del pasado año en San Sebastián, «Amable Arias. Dar forma al caos y al azar», que explicita esa trayectoria indisciplinada pero llena de libertad, imaginación, poesía, humor y compromiso social.

Gracias también al tesón de Maru Rizo, la compañera durante los últimos catorce años de su vida, la obra de Amable se hace cada día más consistente, apreciada en su valor y contexto y, sobre todo, conocida y reconocida, al margen de las polémicas que en su momento haya suscitado, precisamente por su carácter innovador. «El arte —escribió— es sublimación, una especie de sueño donde se unifican o se vuelven al revés nuestras insatisfacciones. Solo que, más distante del yo, es oportuno para que otros seres entren a ver, a oír, o sentir este enrevesado mundo y, por ende, es el más directo medio de comunicación. El otro es el amor».

Desde hace un tiempo esta tierra, tan proclive al olvido y desconocimiento de los suyos, aunque aparente lo contrario, ha empezado a ver, oír, sentir el generoso mundo del pintor de Bembibre, gracias a personas e instituciones —I.E.B., Mª Ángeles Basanta, Rogelio Blanco, Jovino Andina…— que han entendido y valorado la proyección de una obra necesariamente digna de tener en cuenta.

El Ayuntamiento de Bembibre le ha dedicado una calle —Pintor Amable Arias— y le ha nombrado hijo predilecto de la villa. No sé cuándo se celebrará el acto. Parece que se intentará hacer coincidir con la exposición «Bloc de niños» en la Casa de las Culturas. Bembibre se refleja con frecuencia en su obra. Siguiendo con las buenas noticias de esta progresiva pero real recuperación, parece igualmente cercana la publicación de su poemario Encantamiento y desencantamiento .

La mayor sorpresa es, sin duda, El Café de Amable, cuya apertura está prevista para el próximo mes en Valladolid, en una especie de recreación de su obra. Habrá también, me cuentan, una pequeña biblioteca con ejemplares que nos acerquen a su vida y obra. Los padres de la iniciativa, que pretende dotar al espacio de un auténtico ambiente amabliano, esperan igualmente su repercusión internacional. No debemos olvidar, como recuerda Raleigh, que «no es la verdad, sino la opinión, la que viaja por el mundo sin pasaporte». Lo que necesitamos son trampolines de opinión y de acercamiento.

La puesta en valor de los sueños merece todo mis respetos. Deseo de todo corazón que se cumplan.

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