EL CORRO
Castigo electoral para dar y tomar
Se barruntaba que el bipartidismo no iba salir bien parado de unos comicios como los europeos, en los que las interesadas apelaciones al «voto útil» no surten el mismo efecto que en unas elecciones generales o autonómicas. Entraba en los cálculos que el PP sufriera el lógico voto de castigo al que se ha hecho acreedor con las políticas aplicadas por el gobierno Rajoy. Y también era evidente que el PSOE apenas se iba a beneficiar del desgaste del partido que gobierna, aspirando como mucho a una leve recuperación tras su debacle electoral de 2011.
Lo que no se esperaba es que ambos partidos registraran simultáneamente un varapalo electoral de tal dimensión, que en el caso del PSOE ha supuesto la dimisión diferida de Alfredo Pérez Rubal-caba. Los socialistas se ven ahora forzados a afrontar a toda prisa la catarsis que eludieron tras aquel descalabro electoral. Con el handicap de que su nuevo líder saldrá de un congreso extraordinario y no del proceso de elecciones primarias al que se había fiado la renovación del partido.
El cataclismo del PSOE no puede ocultar el carácter pírrico de la victoria electoral del PP, objeto de un voto de castigo muy superior al que auguraban las encuestas. Si esperaba un resultado que avalara su gestión al frente del gobierno, ese hipotético plebliscito se ha sustanciado con un retroceso más de 18 puntos (del 44 al 26 por ciento) con relación al resultado de las elecciones generales de 2011. Y suerte ha tenido con que Vox haya fracasado estrepitosamente en el intento de captar a su electorado más escorado a la derecha.
En Castilla y León los resultados no han sido muy diferentes a los del conjunto de España, si bien el amplio margen de que disponía el PP ha mitigado su notable retroceso. Extrapolado su resultado a unas elecciones municipales y autonómicas, perdería la mayoría absoluta en no pocos ayuntamientos importantes, pero la mantendría en las Cortes de Castilla y León.
UPyD e IU han multiplicado sus escaños en el Europarlamento, pero su crecimiento en votos no ha alcanzado ni de lejos sus expectativas. Ambos han encontrado en Ciudadanos y Podemos mayor competencia de la que esperaban. Particularmente decepcionante es el resultado del partido de Rosa Díez en León, donde la lista encabezada por Sosa Wagner ha sido la quinta más votada, con un respaldo inferior al 7 por ciento.
Con Podemos, que le ha pisado los talones a IU, irrumpe en el escenario nacional una nueva fuerza política claramente asociada a las mareas ciudadanas que han clamado en la calle contra las políticas del gobierno Rajoy. Ha resultado que el espíritu del 15-M no estaba tan muerto como parecía. En Castilla y León ha sido la tercera candidatura más votada en cuatro de las nueve provincias.