LA LIEBRE
Abdicamos
Como estirpe de Pelayo y herederos de García I que somos, el anuncio de la Casa Real el lunes nos mete a los leoneses como daño colateral por todo ese lío de sangres que terminaron por degenerar en el trono de los Borbones. No estamos seguros todavía si entramos como línea directa, porque quién sabe qué habrá quedado en el patio de la Casa de Trastámara, en el barrio del Mercado, donde el abandono tiene el solar expedito para que se meen los gatos, o si todo será una trampa de La Zarzuela para que nos hagamos responsables mancomunados y subsidiarios de la que se avecina con el juicio del caso Noos. Una conmoción en esta urbe regia de la que presumimos, donde hemos capeado la semana a nuestra manera. Unos con reivindicaciones leonesistas de salón para sacar el pendón real el 19 de junio al balcón del consistorio y proclamar a Felipe VI, como en aquella del emperador Alfonso VII a partir de la cual se nos empezaron a marchitar los laureles. Otros con manifestaciones de banderas ribeteadas de morado para reclamar el advenimiento de la III República, como en 1931, cuando Benito Pamparacuatro se convirtió en Sahagún en el segundo alcalde de España en izar la bandera republicana, pero esta vez limitados a los mensajes de whatsapp de IU. Y los más con invitaciones a la melancolía, más allá de su papel mediador de la Transición ejemplificado el 23-F, con recuerdos de la época en la que el rey Juan Carlos I vino más de una vez a Picos de Europa para cazar un medalla de oro que, aburrido de esperar donde le habían mandado para que al final el monarca disparara al aire y visto que por debajo del porte de un elefante no atinaba, terminó por morir de sarna. La abdicación nos coloca en la incertidumbre de si debemos aprestarnos a ser súbditos de Felipe VI, que dice el ABC que ayudará a dar un giro a la crisis que tiene a la mitad de su generación en el paro y a la otra mitad en el extranjero, o seguimos con Herrera y Rajoy como hasta ahora. Una duda que los modernos apuestan por resolver con un referéndum, como si tocara decidir si Casillas está para jugar el Mundial, pero que PP y PSOE se niegan a plantear. Yo intenté abrir el debate ayer antes de comer, cuando avancé que iba a escribir del rey. Mi mujer me avisó de que podía dormir fuera. Me quedó claro al abrir la puerta y ver el felpudo de Ikea: bienvenido a la república independiente de mi casa.