Diario de León
Carlos Frá
León

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El deterioro creciente entre quienes pretenden dirigirnos desde las instituciones es innegable. El espectáculo de la semana pasada en el PSOE leonés no deja lugar a dudas. Algo grave ocurre cuando ya se empiezan a medir las opciones y capacidades de unos y otros en función de su capacidad para arrear mamporros. La situación en realidad no es nueva pero cae en el esperpento cuando después de leer la noticia uno dirige los ojos hacia la parte de arriba del periódico y lee la fecha de la noticia: ¡¡¡2014!!!

En las filas socialistas hace tiempo que todo ha quedado resumido a una lucha por el poder... a la hora de hacer las listas. El final del ciclo de Felipe González abrió una dura crisis en la que Zapatero acabó por salir triunfante con un discurso populista y lejos de la realidad que empezó a escaparse por el desagüe cuando al día siguiente de llegar a La Moncloa y retirar las tropas de Irak supo que a cambio tenía que enviar más a Afganistán. El tiempo ha evidenciado que fue un parche en Ferraz porque el problema de fondo sigue ahí.

Ahora, ese discurso de la ilusión vana es curiosamente el peor enemigo en los caladeros de voto socialistas, que han emigrado a la utopía de Podemos, donde por cierto ya asoman las luchas por el poder en forma de debate sobre cómo rellenar los organigramas, algo que también ha vivido en forma de guerra fraticida UPyD en cuanto surgió la oportunidad de repartirse sillones.

Los expertos dicen que para encontrar un precedente equiparable a esta crisis económica hay que remontarse a la Gran Depresión. Entonces los grandes triunfadores fueron los totalitaristas, los que se hicieron con el poder a golpe de discurso fácil demagógico. En Normandía desembarcó la democracia para parar a unos y otros y permitir que el Viejo Continente recuperara la libertad. Ahora, en las urnas se ha vuelvo a dar demasiado oxígeno a quienes anteponen muchas cosas a la libertad y a la democracia. Todo un reto para la sociedad del siglo XXI porque no parece el momento de dejar todo en manos del más fuerte. Volver a la época en la que las cosas se decidían a mamporros o en base a amenazas sería un inmenso retroceso. El PSOE tiene una buena oportunidad de aclarar si ese es su camino para afrontar los retos.

Mientras, en la acera contraria, el silencio no es sinónimo de quietud en el PP. El que se mueva ahora no saldrá en la foto. Pero todos velan armas a la espera de que empiecen los ‘mamporros’.

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