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manuel alcántara
León

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Todos estamos de enhorabuena aunque ninguno sepamos la hora que va a marcar el reloj nacional, que siempre retrasa. Está contento Eduardo Madina, que tiene nombre de errata y pasado merecedor de todos los respetos, incluso de los que no respetaron la vida de nadie. También está contenta la llama casta política y la Susana Díaz, que ha abdicado temporalmente de sus ambiciones cortesanas, ya que desea arreglar primero Andalucía, cosa que requiere dedicación absoluta. Todo el mundo está feliz después del abrumador triunfo electoral, salvo los que no vitorean a los ganadores porque se quedaron roncos protestando. Ahora parece que todos son de la misma clase y aplauden hasta con las orejas. Necesitamos todos un calmante vitaminado porque la prisa es mala consejera, aunque sean peores los consejeros autonómicos y no digamos los reales. El presidente del Congreso, Jesús Posada, al que nadie ha insultado hasta el punto de atribuirle una excepcional inteligencia, se muestra impaciente por cerrar el aforamiento de don Juan Carlos y garantizar su inviolabilidad. En sus pocas escogidas palabras ha dicho que el asunto urge «por si hay follón».

Siempre ha habido clases, algunas con muy poca clase, pero todas se están piropeando. Se nota que están orgullosos por haber hecho todo muy bien, o sea, no de la única manera posible. Hay miles y miles de aforados y muy pocos inviolables. Se pueden contar con los dedos de una mano, si es que no cierran el puño los que lleven la cuenta.

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